lunes, 29 de junio de 2009

ACTA N 14

IUSPO
Educación, Mención Filosofía
Seminario de Síntesis Filosófica
RODRÍGUEZ Julián
COLMENARES Edgar
Los Teques, 26-06-09

ACTA N°14


El día 25 de junio siendo las 9:35 AM, nos reunimos una vez más los participantes del Seminario de Síntesis Filosófica para dar inicio a las actividades correspondientes a dicho seminario. A esta hora y luego de que Julián pasara la lista de asistencia, estuvieron presente RONDÓN Urbano, RODRÍGUEZ Luis, DE ABREU Fátima, BETANCOURT Manuel, GHAZAL Jorge, MOYLE Julio, PACHECO Ramón, GONZÁLEZ Moisés, HERNÁNDEZ Alexis, MARCANO José, MÉNDEZ Carlos, BRIÑOLES Aurely, VILLAREAL Luis, poco después se hicieron presente CANDELO Richard y MEZA Moisés.

Seguido, se hizo la lectura del acta n° 13, esto a cargo de Carlos Méndez, el mismo que la había realizado. Después de leída el acta, con respecto a la misma el profesor Julián decía que se repetían términos, como por ejemplo, “luego”.

A continuación de dio inicio al análisis de la tesis del compañero Carlos Méndez, tesis n° 10 “En el caso de la negación de la existencia de Dios, demuestre que las bases del ateísmo contemporáneo no están suficientemente fundamentadas”.

Al comenzar con el análisis en cuestión, Julián preguntaba que dónde estaba ubicada la tesis; en qué asignatura. Ya que el tema de la tesis giraba en torno al tema religioso, se hizo alusión a que la misma podría ubicarse dentro de la cátedra de Filosofía de la Religión, a lo que Méndez decía que relacionado con el tema de la tesis, en dicha cátedra se habían tocado algunos punto con respecto a la misma (a la tesis).

Julián hacía referencia a que antes de entrar de lleno en el análisis de la tesis, había que ver el problema que desde dicha tesis surgía, se debía pues, ubicarse en el punto de partida de la tesis. De esta discusión surgieron preguntas centrales, tales como: ¿existe Dios?, ¿quién es Dios?, ¿qué podemos decir que Dios?. Dichas preguntas se postulaban como necesarias para partir al estudio de la tesis en cuestión, tesis la cual Carlos tendría desarrollar. También para el desarrollo de la tesis, se ponía como necesario exponer sobre la “relación Dios – hombre”.

El profesor también decía que la razón por la que en el pensum estaba la cátedra de Filosofía de la Religión, era porque mediante ésta, se pretendía lograr inducir en la carrera las reflexiones en lo referente a lo que antes se conocía con el nombre de teodicea. Julián postulaba como punto de partida que pudiera ser necesario para el desarrollo de la tesis de Carlos, lo Expuesto por Santo Tomás , y recomienda los trabajos o tratados de los cursos de filosofía tomista del “Instituto Católico de Paris”.

Se decía que se debía comenzar por analizar el supuesto de si desde la filosofía, se puede fundamentar la religión o hecho religioso. Y que como en la tesis se habla específicamente del ateísmo contemporáneo – y no de otro -, para la argumentación de la misma, se debía tomar muy en cuenta este aspecto. Una cosa a tomar en consideración para con este tipo específico de ateísmo, es que este no era un ateísmo que sólo se manifestaba en las élites (haciéndose referencia a las élites sociales), sino que este era un ateísmo que surgía desde y para las masas sociales. Este tipo de ateísmo hace alusión a los ideales Marxistas.

En torno a la tesis de Carlos, igualmente se hacía referencia a que si al resolver desde lo filosófico el problema de si existe Dios, se comenzaba a dar forma a la tesis misma, esto porque al resolver dicho problema – el mismo que se toma como problema primero -, se estaría comenzando a sustentar los propios argumentos posteriores con respecto a la tesis.

Carlos sugería que a parte de que hay que tomar en cuenta lo que dice la Filosofía de la Religión con respecto al tema, la tesis estaba ya contextualizada dentro del ateísmo contemporáneo, lo cual hace pensar que tal vez el compañero quería hacer ver que a pesar de que de manera general la filosofía de la religión pudiese dar algunas luces con relación la tema de la tesis, habría que tener presente que la misma, remite a un tema bastante específico, esto, en torno a lo que se perfila dentro de los problemas religiosos.

Seguido, el compañero Carlos nombra y da datos sobre los autores que se perfilaban o perfilan como defensores de la tesis, así como también, de los que estaban o están en contra de dicha tesis.

En este momento del encuentro se prosiguió con el análisis de la tesis en cuestión, pero esta vez con la lectura de lo que Carlos había redactado con relación al trabajo. Se dio inicio a la lectura de la definición de los términos implícitos en la tesis, esto por parte del propio Carlos (la lectura se hizo desde el blog creado para el uso del seminario y por medio de la proyección del video bem). Los términos de los que se supo el compañero había definido, fueron: teísmo, ateísmo, ateísmo contemporáneo, antiteísmo, Dios, existencia).

Después de la primera tanta de lectura, Julián pregunta si creemos que están suficientemente expuestos los términos para con la tesis, a lo que Manuel opina que el término “existencia” se fundamentaba más en lo antropológico, por lo que, por lo que hacía referencia el compañero Manuel, podría decirse que el mismo quería hacer ver que había que tener cuidado con respecto a la manera en que se valorara o tomaran las definiciones de los términos.
Julián pregunta si los términos están adecuados a la tesis. Surge la pregunta de cómo adecuar los términos a la tesis. También se dijo que se notaba que a los términos de la tesis, se les debía orientar más hacia la propia tesis.

La razón por la que se hacía necesario orientar la definición de cada término hacia los argumentos de la propia tesis, era por el propio hecho de que al adecuar los términos a la tesis, de alguna manera se comenzaba a ubicar en lo referente a los argumentos o enunciados de la para con ésta.
Se dice que el enunciado de la tesis está redactado de manera negativa, esto porque dicho enunciado remite al supuesto de que para fundamentar la tesis hay, se podría decir, que aniquilar primero al ateísmo, para desde allí, darle forma a parte de la propia base de la tesis. En resumidas, que la tesis parte de la negación de un supuesto.

Con relación a la definición de los términos el profesor hacía referencia a que no era tan necesario introducir el tema de la historia de la filosofía, esto porque una de la cosas que se observaba en la definición de los términos, era que para con los mismos, se tomaba en cuenta la proyección de éstos para con los diferentes contextos históricos. Se esbozaba, se podría decir, sobre las variantes o cambios que históricamente cada término podía haber tenido.

Con respecto a lo anterior Carlos decía algo asi como que a pesar de que él había tratado de definir los términos desde las diferentes concepciones históricas, él había tratado de establecer una relación entre los términos y la propia tesis. Junto con ello Julián recalcaba el hecho de que para el desarrollo de cada una de las tesis, se debía hacer el esfuerzo de redactar la definición de cada uno de los términos en función de la tesis misma.

Seguido, Carlos postulaba a los autores de los cuales se serviría él para el desarrollo de los argumentos de la tesis, tanto de los argumentos en contra, tanto de los argumentos a favor de la ésta.

Como uno de los argumentos a tomar en cuenta para el desarrollo de la tesis, estaba lo relacionado con los diferentes modos de ateísmo (el ateísmo científico, el marxista, el existencialista, el práctico), gracias a los cuales, al mismo tiempo, se podía ver cómo comenzaba a tomar forma la tesis; se trataba pues, de cómo desde diferentes argumentos, la tesis podía ser abordada.

También surgía lo que tenía que ver con que dependiendo de los argumentos que se usara para con la tesis, se da el caso de que la misma tome determinados rumbos. Se podría decir que los argumentos que estructuran la tesis, dependen de los conceptos con los que se trabaje.
Por último, Carlos nombraba rápidamente algunos de los autores en contra de la tesis : Engels, Nietzche, otros.

Siendo las 11:05 minutos de la mañana, se concluyó el encuentro.

jueves, 25 de junio de 2009

Tesis Número 10

UCAB
Educación, mención Filosofía
Seminario de Síntesis Filosófica
RODRÍGUEZ Julián


MÉNDEZ Carlos
Los Teques, 04-06-2009

DESARROLLO DE LA TESIS


1. Enunciado de la Tesis:

EN EL CASO DE LA NEGACIÓN DE LA EXISTENCIA DE DIOS, DEMUESTRE QUE LAS BASES DEL ATEÍSMO CONTEMPORÁNEO NO ESTÁN SUFICIENTEMENTE FUNDAMENTADAS.

2. Definición de términos:

ATEÍSMO

El término ateísmo provine del griego (a= letra privativa teoz= dios), es uno de los términos más ambiguos del lenguaje, pero su único contenido es la privación de algo[1]. Si vamos a la terminología, ser ateo, o abrazar el ateísmo, es negar que haya Dios, o negar que haya dioses, o negar que haya alguna realidad que pueda llamarse “divina”, o todas estas cosas a un mismo tiempo. De esta corriente se pueden comprender dos términos fundamentales, el primero ya se ha mencionado, el segundo, llamado antiteísmo, es más radical, consiste no sólo en negar a Dios, sino también, y sobre todo, en negar que la noción de existencia sea aplicable a Dios.

El nombre de ateísmo surgió a fines del siglo XVI, pero la noción de ateísmo, en sus múltiples formas, es diversa. Actualmente se ha identificado ateísmo con el término materialismo[2]. Quizás podríamos decir que el ateísmo es una propuesta contraria al teísmo, al panteísmo, al deísmo, es decir, niega el influjo de Dios sobre el mundo, la coincidencia de cualquier ser con Dios, incluso su misma existencia a partir de la contradicción en la religión racional y natural, dudosa, que es revelada y sobrenatural.

Algunos autores sugieren que el ateísmo, más allá de la negación de Dios como ser absoluto, es deponer la imagen de Dios y colocar al hombre como señor absoluto de su destino.
La postura atea difiere del acto de fe del creyente en que, en lugar de ser una entrega libre a Dios, es un desafío libre a este mismo Dios trascendente. Dirá alguno que el ateísmo absoluto es en el fondo una especie de compromiso religioso de gran estilo[3].

ATEÍSMO CONTEMPORÁNEO

Podríamos hacer referencia al s XIX, en donde se gestan las primeras bases del ateísmo contemporáneo en el talante humanista y en las representaciones positivistas. Todo es producto de las tres ideas de Comte denominadas leyes de los tres estadios, a saber: teleológico, en el que el hombre explica los fenómenos por medio de fuerzas trascendentes, divinas o demoníacas; metafísico: en el que dichas fuerzas, despersonalizadas, se convierten en principios racionales; positivo: que se queda en la averiguación y comprobación de las leyes dadas en la experiencia. Hay que pasar por ellos, pero para llegar a la verdad sólo es necesario el tercero.
Luego, la primera mitad del siglo pasado, con su doble dimensión humanista y científico-positivista, centran su mirada en la humanidad, colocando a Dios como un ideal imposible, pues su admisión significaría para el hombre degradarse al nivel de objeto, dejarse determinar desde afuera por la ética del ser.

En otra concepción, cuando se habla de Dios es sólo una reunión insignificante letras, es decir, una expresión que no posee ningún contenido real. Aunado a esto, el ateísmo contemporáneo es también entendido como la nueva propuesta de esquema que rechaza los esquemas caducos provenientes de la religión de occidente[4]. Más que ateísmo es anti-teísmo. Los ateos de hoy son más enconados en su negación que antes. No se contentan con negar a Dios, con declararlo como algo superfluo e inútil, del que no hay que preocuparse mucho en la vida... Consideran a Dios como una amenaza positiva que hay que combatir activamente, es Uno del que hay que desembarazarse... Dios es el Enemigo número 1 para los ateísmos contemporáneos. De ahí su voluntad o ganas de suprimir a Dios (ateísmo marxista) o de ausentar a Dios (existencialismo ateo)[5].


DIOS

El tema de Dios es uno de los más grandes y sonados a lo largo de la historia de la filosofía, y no sólo esto, llega a todas las esferas de la realidad humana. Se propone como una inquietud que emerge de distinta manera en momentos cruciales, en los que se hace más viva la consciencia de lo irreversible. Así, el tema de Dios, aparece como necesidad de un horizonte (instancia o entidad misteriosa) que sea punto de referencia de toda teoría o praxis para justificar la realidad global y el orden histórico-social y ético-moral. Este es el origen en el que el hombre considera dos planos de realidad: trascendencia e inmanencia.

La tradición filosófica identifica a Dios con la trascendencia. Así, en dicho contexto tradicional, Dios se piensa como realidad superior. Los griegos (presocráticos, Platón, Aristóteles, etc.) lo consideran como el primer ser, origen y destino último del mundo, representado no en uno solo, sino en multitud de entidades. La filosofía medieval transita por esta misma senda. Dentro de todo este proceso, Dios se comprende como aquello que es lo mayor que se puede pensar. En otra concepción, Dios es el ser necesario, pues la realidad nuestra, que es contingente, necesita comenzar a ser, si no es por lo que ya existe y no cabe una serie infinita de seres necesarios cuya necesidad es causada por otro, de tal modo que es, en palabras del filósofo griego motor inmóvil.
En un contexto más actual, la formulación deontológico sugiere que Dios es un fundamento supremo que armoniza la tendencia humana a la felicidad con orden moral, es decir, es el ser supremo y señor universal de la moral.

Dios no es un dato experimental, sino un producto de la consciencia especulativa del ser humano[6]. En consecuencia, Dios se puede percibir como un producto colectivo de la imaginación.
En el plano religioso, Dios es, por excelencia, la noción central de la religión, su estatuto epistemológico con mayor importancia[7].

Según las distintas concepciones, el término puede variar y puede aplicarse a distintas realidades, pero siempre en el plano de comprensión trascendental. En resumen, pertenece a las tres ideas fundamentales: la religiosa: ser trascendente que tiene relación con el hombre; la filosófica: Dios como ser absoluto, fundamento de las existencias, causa y finalidad primera; la vulgar: Dios como horizonte de vida, presente en las experiencias cotidianas[8].


EXISTENCIA

En tanto que el término derivado del latín existentia, el vocablo “existencia” significa lo que está ahí, lo que “está afuera” (existit). Algo existe porque está la cosa, in re, la existencia, en este sentido, es equiparable a la realidad. Puede referirse a cualquier entidad; podemos hablar de ella en un plano real o ideal.

En los momentos de la filosofía griega, el término no preocupaba sobremanera, pues el centro estaba colocado en “lo que hay”, de allí la traducción griega de este término. La problemática griega fue precisamente sobre lo que hay, o lo que está más allá de lo que hay. La noción griega era eminentemente referida a la cosa[9].

Para los medievales, ampliaron el campo de la existencia, no refiriéndolo sólo a las cosas. Para ellos existir es propiamente esse; mejor todavía, existir es ipsum esse. Las consideraciones de algunos otros estaba referida al an sit res, la cosa efectivamente, es decir, la realidad actual que contiene en sí la razón por la que una realidad existe.

En un momento más actual, la consideración de la noción de existencia en parte en relación con los problemas que plantea la aceptación o rechazo de la prueba ontológica y en parte en relación con la cuestión de si hay o no diferencia entre concebir una entidad y concebir la existencia de tal entidad. El problema de la existencia es de tipo metafísico y lógico.

Otros son unánimes al considerar que la existencia es el distintivo específico del sujeto personal, e insisten en el valor absoluto de la persona, que no es res, ni es objeto, ni es parte de la naturaleza, ni un momento en la evolución cósmica, sino algo existente en sí, con valor, consistencia y libertad propios, pero situados en el mundo[10].

3. Posturas en contra de la Tesis:
BERTRAND RUSSELL

Filosóficamente hablando, podemos considerarlo como un neorrealista, contrario al idealismo y al pragmatismo, corrientes filosóficas que rechaza porque posee una tendencia a resolver los hechos físicos y psíquicos en los objetos. Su tendencia es empírica y naturalista, esto lo lleva a internarse en los campos del conocimiento científico. Podríamos decir que está ubicado, específicamente, en un cientismo ingenuo dentro del cual la tendencia realista no logra mantenerse lejana de vagas aspiraciones de la realización de una totalidad cósmica.

Todo el realismo propuesto por Russell, está fundamentado gnoseológicamente en la actividad sensorial, es decir, en los datos sensibles que nos presenta la realidad, que testimonian objetos no ilusorios pero no relacionados recíprocamente y numéricamente infinitos.

El conocimiento humano, fundado sobre los datos de los sentidos es totalmente subjetivo e hipotético, de manera que no existen principios especulativos y, en consecuencia, tampoco principios éticos. Este subjetivismo gnoseológico y este utilitarismo ético, fundado sobre la base del deseo, conducen a Russell a despojar a la naturaleza humana de la dignidad y del valor suficiente para justificar, por ella cualquier idea de Dios[11].

Esta justificación de la no creencia en Dios (ateísmo), logra integrarla sobre la base de que en el fondo, únicamente las afirmaciones tautológicas de la matemática y las afirmaciones sintéticas de las ciencias empíricas tienen sentido para Russell. Evidentemente, sobre tales fundamentos no podía sostenerse ninguna fe. Ninguna visión metafísica del mundo y, mucho menos, se podría considerar una religión como verdadera.

En este sentido es bueno comprender que la presentación que hace Russell sobre el tema de Dios, se dirige a una crítica de la religión. Quizás podría confirmarse que las apreciaciones que hace sobre la misma están dirigidas a una crítica a los códigos morales que propugna la religión cristiana.

Russell se separa de todos estos atisbos de desarrollo religioso, prefiere considerar la lucha por un nuevo mundo, donde se considere que la vida sea una aventura llena de alegría y esperanza, con plena libertad y que el hombre se decida a crearlo[12].

Ahora bien, algunos prefieren indagar más sobre el tema en este autor, más allá de algunas interpretaciones que se puedan hacer sobre la base del desarrollo de su pensamiento filosófico. La pregunta para algunos es si se considera ateo o agnóstico. Ante tal interrogante, podemos citar las palabras de Russell sobre este tema: …yo no creo que sea cierto que no exista tal ser [Dios]; pienso que está exactamente al mismo nivel que los dioses del Olimpo o los dioses noruegos; también pueden existir… No puedo probar que no existen, pero creo que el Dios crisitiano no tiene más probabilidad que ello. Creo que tiene mera posibilidad.

Con ello se concluye que no se excluye la mera posibilidad lógica. Pero su creencia personal firme es que no existen los dioses del Olimpo y mucho menos el Dios cristiano. En todo caso, para Russell, sólo se puede afirmar lo que proviene de los datos de la experiencia, de los datos sensibles y fugaces.

KARL MARX

En primer lugar hemos de decir que Marx pretende lograr la emancipación humana. Para lograr esto, es necesario los elementos de sostenibilidad de dicha utopía. Aunque Marx procede de una familia judía burguesa, pasada la protestantismo, se hace seguidor de Hegel, de quien recibe la inspiración para ser propulsor de la izquierda hegeliana. A partir de sus ideas, se hace ateo, un ateísmo humanista basado en Feuerbach. Dirá en uno de sus escritos: el ateísmo es el humanismo conciliado consigo mismo por eliminación de la religión; el comunismo, es el humanismo conciliado consigo mismo por la eliminación de la propiedad privada[13].

Marx fue un progresista en el área de la filosofía, pero dirigido hacia el ámbito de la praxis política. En este sentido, la mayoría de sus apreciaciones responden a una crítica a las diferentes instancias y a su situación. La ideología, para él, representa la consciencia necesaria históricamente falsa, no simplemente falsa o mentira o engaño intencionado o puro error. De allí que la religión, vista como una ideología, no posee mayores razones para unirnos a ella[14].

El fundamento marxista con el cual se niega la creencia en Dios, es precisamente que a partir de la evolución libre, sin impedimentos, progresiva y universal de todas las aptitudes productivas, le permite ahora al hombre sentirse un creador. Como en la sociedad comunista cada uno vive su nacimiento por sí mismo de un modo visual y sensible y cada uno puede experimentar el ser por sí mismo de la naturaleza y del hombre, resulta prácticamente imposible la creencia religiosa en la condición creatural del hombre.

El hombre comunista está tan satisfecho de sus logros y disfrute que no se pregunta por las cuestiones más allá de la producción material, el cuestionamiento de la realidad trascendente queda silenciado para siempre, ni siquiera el ateísmo como negación forzada de Dios tiene ya aquí ningún sentido[15]. En otras palabras, en la religión, el hombre proyecta fuera de sí de manera vana su ser esencial y se pierde en la ilusión de un mundo trascendente, esa es la primera de todas las alienaciones.

De todo esto, justifica que la idea de Dios es, más que como una reproducción de las cualidades humanas, una caricatura del hombre causada por la indigencia. El miedo caracteriza al animal; y una religión que está esencialmente referida al miedo hace de los hombres animales. Para él, la filosofía desenmascara los principios teológicos como estadios previos empírico-sensitivos de la autoconciencia, los hace superfluos y los suprime, haciendo ver que son mistificaciones[16].

Dirá Marx: ¿Cuál es el ser que se hace inmediato al ser pensado? La autoconciencia. En este sentido, todos los argumentos a favor de la existencia de Dios son pruebas para demostrar su no-existencia, refutaciones de toda idea relativa a Dios. La idea de Dios está, pues, fuera del ámbito de la razón y de la filosofía, la cual es, por lo mismo, una crítica de la religión: lo que un país determinado es para determinados dioses de otro país distinto, eso es el ámbito de la razón para cualquier idea de Dios en general, el ámbito donde aquella idea deja de existir[17].


FRIEDERICH NIETZSCHE
Dentro de la propuesta nietzscheana, el valor supremo de todas las cosas es el superhombre. Dirá este autor que el él [el superhombre] es mi primera y única realidad, y no el hombre, no el prójimo, no el más pobre, ni el que sufre, ni el mejor[18]. Con todo esto, la afirmación última de Nietzsche recae sobre la exaltación del hombre en cuanto que puede llegar a ser un ser perfecto. Como consecuencia de ello, hay que sacrificarlo todo; de cada a la misma hasta la verdad se relativiza por completo[19].

De ahí que no sólo se relativice la verdad, también se relativizan los valores éticos por considerarlos superados. Todo ello se realiza por la sencilla razón de considerar la verdad y los valores como obstáculos para desarrollar al supehombre.

Pero, no sólo queda en este terreno de situación, va más allá, pues no hay nada que se oponga tanto al desarrollo del superhombre como la fe en Dios[20]. Nietzsche lucha con el problema de Dios. Se siente perseguido y esclavizado, oprimido y privado de sus derechos por parte de Dios. Quiere librarse del superpoder divino y se revela apasionadamente contra Dios. En su libro La gaya ciencia proclama la muerte de Dios: ¿Dónde está Dios? Yo os lo voy a decir. ¡Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo!

Estas palabras de Nietzsche sobre la muerte de Dios ha encontrado amplio eco en nuestro tiempo. Se ha convertido en el lema del ateísmo moderno, incluso de la tan absurda teología de la muerte de Dios, de un cristianismo sin Dios, es decir, de un cristianismo en una época supuestamente atea[21].

Nietzsche dice no a Dios. Si hubiera dioses, ¿Cómo soportaría yo no ser ningún dios? ¡No hay, pues, dioses![22] . Esto que presenta Nietzsche es lo que se ha considerado un ateísmo postulatorio, reclamado por el sentimiento de que Dios le quita al hombre el espacio de la existencia, la plenitud de la humanidad, el honor de la existencia… si yo he de ser, él no puede existir. Pero yo tengo que ser, por lo tanto, él no puede existir[23].

*Mucho se ha discutido sobre esta afirmación nietzscheana, en la que lucha contra el problema divino. Sin embargo, ha de resumirse todo su pensamiento en la advertencia de que no dice que no haya ningún dios, sino que nosotros lo hemos matado. No hace afirmación alguna sobre Dios sino una afirmación sobre el hombre, que acaba liberándose, auqneu condoler, de la fe en Dios, a fin de vivir libre de la superpotencia opresiva y amenazadora de Dios y poder así desarrollarse.

FRIEDERICH ENGELS

Aunado a las posturas de Marx, nos encontramos con F. Engels. Este autor, fiel amigo de Marx, con quien escribió incluso algunas obras, presenta una visión antropológica sobre la cual se puede sustentar la postura atea de Marx.

CONTINUARÁ...

FRIEDERICH ENGELS
Ludwig Feuerbach
Jean Paul Sartre
Simone de Beauvoir
Fr. Jeanson
Merleau-Ponty

[1] Cf. MORENO V., Diccionario de pensamiento contemporáneo, San Pablo, Madrid 1997, 102.
[2] Cf. FERRATER J., Diccionario de filosofía, tomo I, Ariel, Barcelona – España 1994, 259.
[3] Cf. MORENO V., Diccionario de pensamiento contemporáneo, San Pablo, Madrid 1997, 104-105.
[4] Cf. MORENO V., Diccionario de pensamiento contemporáneo, San Pablo, Madrid 1997, 106.
[5] NEIRA E., Ateísmo y creencia en Dios, en http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/14100/1/ateismo_contemporaneo.pdf, s/f.
[6] Cf. MORENO V., Diccionario de pensamiento contemporáneo, San Pablo, Madrid 1997, 368-375.
[7] Cf. QUINTANILLA M., Diccionario de filosofía contemporánea, Sígueme, Salamanca 19792, 112-114.
[8] Cf. FERRATER J., Diccionario de filosofía, tomo I, Ariel, Barcelona – España 1994, 903-913.
[9] Cf. FERRATER J., Diccionario de filosofía, tomo I, Ariel, Barcelona – España 1994, 1165.
[10] Cf. MORENO V., Diccionario de pensamiento contemporáneo, San Pablo, Madrid 1997, 492.
[11] Cf. MUÑOZ R., Historia de la filosofía occidental, tomo II, Edicep, Valencia – España 2005, 562-563.
[12] Cf. REALE G. – ANTISERI D., Historia del pensamiento filosófico y científico, Tomo III, Herder, Barcelona – España, 19922, 577.
[13] Cf. MUÑOZ R., Historia de la filosofía occidental, tomo II, Edicep, Valencia – España 2005, 373.
[14] Cf. MUÑOZ R., Historia de la filosofía occidental, tomo II, Edicep, Valencia – España 2005, 383.
[15] CORETH E. - EHLEN P. - SCHMIDT J., La filosofía del siglo XIX, Herder, Barcelona 1987, 201.
[16] Cf. URDANOZ T., Historia de la filosofía, tomo V, BAC, Madrid 1975, 88.
[17] URDANOZ T., Historia de la filosofía, tomo V, BAC, Madrid 1975, 88-89.
[18] NIETZSCHE F., Zaratustra, 353.
[19] Cf. CORETH E. - EHLEN P. - SCHMIDT J., La filosofía del siglo XIX, Herder, Barcelona 1987, 166.
[20] Cf. CORETH E. - EHLEN P. - SCHMIDT J., La filosofía del siglo XIX, Herder, Barcelona 1987, 167.
[21] Cf. CORETH E. - EHLEN P. - SCHMIDT J., La filosofía del siglo XIX, Herder, Barcelona 1987, 168.
[22] NIETZSCHE F., Zaratustra, 106.
[23] CORETH E. - EHLEN P. - SCHMIDT J., La filosofía del siglo XIX, Herder, Barcelona 1987, 168.

ACTA Nº 13

UCAB
Educación, mención Filosofía
Seminario de Síntesis Filosófica
RODRÍGUEZ Julián


MÉNDEZ Carlos
Los Teques, 18-06-2009


ACTA Nº 13

AGENDA:
· Toma de Asistencia
· Lectura del Acta
· Revisión de las tesis elaboradas

Reunidos como de costumbre, aproximadamente hacia las 9:40 am, hemos dado inicio al encuentro del seminario de Síntesis Filosófica. En esta oportunidad estuvimos presentes los participantes: RODRÍGUEZ L., COLMENARES E., MARCANO J., GONZÁLEZ M., PACHECO R., GHAZAL J., DE ABREU F., BRIÑOLES A., MÉNDEZ C., VILLAREAL L.; sobre las 10:00 am se integró MEZA M.

A continuación de tomar la asistencia, se procedió a la lectura del acta del encuentro anterior, correspondiente al número 12 del orden de actas elaboradas de los encuentros, con fecha del 11-06-2009.

A continuación de la lectura, se propuso hacer las siguientes correcciones: en primer lugar, debe corregirse los detalles como las comillas en las citas textuales de las intervenciones; han de revisarse algunos signos de puntuación; el estilo es bueno, pero hay que corregir algunas expresiones.

Luego de la presentación y revisión del acta, se hizo necesario acordar algunos detalles sobre la marcha del seminario. Se nota con preocupación la poca urgencia que se ha tenido en la entrega del material que se ha de ir elaborando sobre la tesis asignada a cada uno. Llama la atención en cuanto que esto debe ser termómetro del trabajo que realizamos en cada encuentro.

A este respecto, el Prof. RODRÍGUEZ J. acotó su llamado de atención: “No hay entrega de la información, al menos, no aparece reflejado el trabajo que se debe estar haciendo, ni en blog ni en físico, pues nadie ha entregado su tesis”. Además de ello, nos hizo la siguiente reflexión: “Esto disminuye la nota del trabajo de grupo. El nivel de evaluación ya no será sobre veinte (20) puntos, sino que, por justicia, será sobre 16 o 17 y si no se justifica menos aún”. Con dicha apreciación no se estima sugerir más que la prontitud que los participantes han de tener en la entrega de sus tesis desarrolladas. Claro está que lo que se necesita es percibir que se va haciendo el trabajo, de manera tal que, aunque no esté completamente elaborada la tesis, cada uno debe presentar el trabajo que ha realizado, sea mucho o poco.

Como tarea hemos acordado que el próximo jueves, 25 de junio, deberá entregarse un adelanto, pues no tanto dificulta en la nota, sino el trabajo de equipo y la lectura. Como última intervención del profesor, al respecto, cito: “Si no se entrega no hay posibilidad de dar información de otro tipo o, como mínimo, las sugerencias para continuar el trabajo”.

Luego de esta presentación, algunos alumnos intervinieron reafirmando el tema de la responsabilidad y la nota, reconociendo la falta que se ha tenido.

En otra sintonía, tratando de retomar el tema de análisis de las tesis, el profesor RODRÍGUEZ J., explicó que, como consecuencia del trabajo que se viene llevando adelante, el Seminario de Síntesis ayuda, de hecho, a generar síntesis en otros campos. Eso también ayuda a presentar información de otro modo, con otras exigencias. Sin embargo, es necesario hacer un trabajo serio y con la decisión de que sea bueno, con calidad y disfrutándolo.

Aunado a lo anterior, sugirió que elaboráramos el plan de trabajo del encuentro. Se consultó sobre los que habían desarrollado algo de su tesis y también si alguno necesitaba esclarecer algunos conceptos o términos.
Luego, se decidió analizar la presentación de GHAZAL J., quien ha hecho el esfuerzo de presentarla en la modalidad de artículo. Luego, RODRÍGUEZ L. y PACHECO R. sugirieron que sus tesis están listas para hacer el análisis. De igual modo, MÉNDEZ C., se comprometió a traer su avance de tesis.

Luego de la presentación de GHAZAL J., y de las recomendaciones que se le han hecho, dirigidas más hacia la manera de redactar su presentación y de hacer aclaratoria de algunos términos, dimos por concluido el encuentro.

miércoles, 17 de junio de 2009

Tesis Nº 20

UCAB

GHAZAL Jorge

Educación, mención Filosofía

Síntesis Filosófica

RODRÍGUEZ Julián

Los Teques, 17/06/2009

TESIS Nº 20

Tesis: El diálogo es condición necesaria para el planteamiento de una moral.

Esta tesis está enmarcada en la línea de la ética discursiva, porque se quiere plantear o descubrir una moral a partir del diálogo. Este diálogo es entendido no en el sentido existencialista del encuentro del “yo” con el “tú”, sino como el discurso oral que emprenden las personas humanas para el logro de una comunicación y un entendimiento recíproco; todo esto con el fin de lograr un consenso acerca de algunos mínimos de carácter universal y objetivo en cuanto a las normas y valores que puedan tener los diferentes grupos humanos.

Precisamente, la ética discursiva recibe ese nombre en razón de que con ella se intenta fundamentar un principio ético en las argumentaciones. La especificidad de este planteamiento consiste en que las cuestiones éticas son llevadas al ámbito de una teoría de la argumentación, pues sólo en tal ámbito se puede dar cuenta del punto de vista moral. La tesis de la ética discursiva versa sobre el hecho de que las normas de la acción sólo pueden considerarse justificadas si ellas satisfacen el criterio del principio de universalización ("U"): las normas pueden considerarse válidas cuando pueden ganar el reconocimiento de todos los afectados, esto es, cuando sus consecuencias pueden ser queridas realmente por todos lo afectados porque satisfacen intereses generalizables[1].

Ante la diversidad y la pluralidad propia de estos tiempos, la ética discursiva se presenta como una vía para llegar a un consenso partiendo del diálogo, el cual es una de las manifestaciones más evidentes del carácter racional de la persona humana.

En un primer momento se trataran de definir los términos claves para la comprensión y la posterior defensa de esta tesis. Luego, se postularan algunas filosofías y pensadores que están en contra de la misma, y otros que están a favor. Por último, se hará el desarrollo de la tesis, en donde se postularan los principales argumentos para defender esta tesis que está enmarcada en la línea de la ética discursiva o dialógica.

  1. Palabras o términos claves
  • Diálogo

El diálogo (del gr. διά (diá, a través) + λόγος (logos, palabra, discurso) es una modalidad del discurso oral y escrito en la que se comunican entre sí dos o más personas, en un intercambio de ideas por cualquier medio, directo o indirecto, natural o artificial.

Un diálogo puede consistir desde una amable conversación hasta una acalorada discusión sostenida entre los interlocutores, y es empleado en géneros literarios como la novela, el cuento, la fábula, el teatro o la poesía[2].

Según el diccionario electrónico Herder, el diálogo versa sobre la discusión organizada mediante preguntas y respuestas entre individuos interesados por una misma cuestión que se intenta precisar, y respecto de la cual se pueden mantener inicialmente puntos de vista distintos. En tanto que supone la participación de varios, el diálogo será concebido en la antigüedad como el medio propio de expresión del logos que, siendo común a todos los seres racionales, se desarrolla a través de los que confrontan sus logos particulares en él[3].

Según el “Diccionario de Filosofía” de Ferrater Mora, el diálogo ha sido con frecuencia una forma de expresión filosófica o científico-filosófica, sobre todo en la época antigua. En la época contemporánea se ha manifestado bastante interés por las cuestiones de índole “dialógica”. La mayor parte de los autores que se han ocupado del problema de la comunicación en sentido existencial y del llamado “problema del otro” se han referido asimismo a la cuestión del diálogo[4].

En lo que respecta al planteamiento de esta tesis que va en la línea de la ética discursiva, se entenderá el diálogo como una modalidad del discurso oral o escrito en la que se comunican entre sí dos o más personas, en un intercambio de ideas por cualquier medio, directo o indirecto, natural o artificial.

  • Condición necesaria

Se refiere a la condición que hace suponer que, si no se produce determinado acontecimiento, no es posible que se produzca otro determinado acontecimiento. Según la lógica, B es condición necesaria de A. Por tanto, siempre que A es verdadero debe serlo también B; o bien, si B no es verdadero tampoco puede serlo A.

Aplicado a la tesis en cuestión significa que si hay diálogo entonces hay una moral; o, en sentido negado, si no hay moral entonces no existe un diálogo verdadero.

  • Moral

Según el “Diccionario de filosofía” de José Ferrater Mora, moral deriva de mos, “costumbre”, lo mismo que ética, y por eso ética y moral son empleados a veces indistintamente. Sin embargo, el término moral tiene usualmente una significación más amplia que el vocablo “ética”. La moral versa sobre la praxis humana, sobre sus costumbres; en cambio, la ética es la reflexión teórica sobre esa praxis. Las ciencias morales comprenden los mismos temas y objetos que las ciencias del espíritu[5].

Según el diccionario electrónico Herder, la moral se define como el conjunto de normas, usos y leyes que el hombre percibe como obligatorias en conciencia. Su estudio es objeto de la ética. El lenguaje moral recurre a la función del lenguaje conocida como «apelativa», prescriptiva o imperativa, y así se dice que el discurso moral o el lenguaje moral es un discurso prescriptivo. Las principales manifestaciones de este tipo de discurso son los imperativos, las normas y las valoraciones, o juicios de valor. El estudio de las características del discurso moral es una cuestión de metaética, entendida como metalenguaje que trata de los requisitos que ha de cumplir un lenguaje moral[6].

Se denomina "Moral" o "Moralidad" al conjunto de creencias y normas de una persona o grupo social determinado que oficia de guía para el obrar, es decir, que orienta acerca del bien o del mal — correcto o incorrecto— de una acción. Reglas o normas por las que se rige la conducta del hombre en relación con Dios, con la sociedad y consigo mismo. Este término tiene un sentido positivo frente a los de inmoral y amoral, que lo tiene negativo. La existencia de acciones y actividades susceptibles de valoración moral se fundamenta en el hombre como sujeto de actos voluntarios. Por tanto, la moral se relaciona con el estudio de la libertad y abarca la acción del hombre en todas sus manifestaciones.

La "moral" no acarrea por sí el concepto de malo o de bueno. Son, entonces, las costumbres las que son virtuosas o perniciosas.

Los conceptos y creencias sobre moralidad son generalizados y codificados en una cultura o grupo y, por ende, sirven para regular el comportamiento de sus miembros. La conformidad con dichas codificaciones es también conocida como moral y la civilización depende del uso generalizado de la moral para su existencia[7].

  1. Posturas en contra

Las posturas en contra de la tesis se pueden esbozar en dos líneas de pensamiento: por un lado, los planteamientos morales que fundamentan la ética en el telos o los fines, porque si lo que se busca es el fin, no va a importar el medio que se utilice para el logro del mismo. Una vez que se tiene como meta un fin determinado, no existe posibilidad de ningún tipo de consenso, por lo tanto, el diálogo vendría a ser irrelevante.

Por otro lado, las posturas contextualistas y relativistas que están en contra de una ética del discurso por considerarla, en cierta medida, utópica al querer hacer de la ética una ciencia universal y olvidar la razón práctica y el diálogo no consensuado que puede existir con la alteridad o diferencia que existe con el “otro”. Entre estos autores se pueden citar: Jean-paul Sartre y Gadamer.

Jean Paul Sartre[8]

Para Sartre el hombre es un ser libre: no es una cosa existente del mundo, sino un yo constantemente por hacer, condenado a hacerse y, por lo mismo, a ser libre: la libertad no es una cualidad de ningún sujeto, sino el mismo hacerse de la conciencia humana; más que “ser” el hombre es “hacerse” y no se es nada que no se haya elegido. Por eso mismo el hombre es fundamento de todos los valores, cuya existencia decide. Obligado el hombre a decidir lo que es y a decidir el sentido que da a las cosas y al mundo, no puede por menos de experimentar la angustia que nace de esta responsabilidad consustancial a la estructura misma de la conciencia[9].

Para este pensador el hombre no tiene esencia que preceda a la existencia, por el contrario, la existencia precede a la esencia. El hombre no es más que lo que hace de sí mismo, por tanto, no existe una naturaleza humana. Más aún, no existe una esencia metafísica que venga de Dios y que pueda funcionar como norma o valor ideal, ya que Dios no existe. No existen, por tanto, ni verdades ni valores predeterminados, ya que todo depende de la libertad humana: la libertad es el único fundamento de los valores, y nada, absolutamente nada, justifica la adopción de un valor o escala de valores[10].

Con ese planteamiento, Sartre, está otorgando un carácter subjetivo a los valores, lo que implica que su postura tiene una tendencia subjetivista y relativista que se contrapone a la búsqueda de los mínimos necesarios, objetivos e universalizables que busca la ética del discurso.

Por otra parte, para Sartre, la esencia de las relaciones interpersonales es el conflicto, ya que el “otro” es el infierno. El “otro” es aquel que aparece siempre y en todas partes como aquel que ocupa una parte de mi espacio, impidiéndome la expansión y la realización: es el obstáculo para mi libertad[11].

Esta manera de pensar al hombre y su dimensión intersubjetiva le pone trabas a la posibilidad del diálogo entre las personas; y el diálogo es el principio fundamental para que se logre la ética del discurso.

Hans Gadamer[12]

Para Gadamer el medio de toda comprensión es el lenguaje, y toda comprensión es necesariamente un proceso lingüístico. El lenguaje no es un mero instrumento del pensamiento, sino que es constitutivo del mundo del hombre y dimensión fundamental de su experiencia. Lenguaje, comprensión y experiencia del mundo mantienen una estrecha relación, y es en el lenguaje donde se revela la significación del mundo. De esta manera, Gadamer puede decir que el lenguaje es el que permite que los hombres tengan mundo, o que la existencia del mundo humano esté constituida de forma lingüística. De ahí, en la línea de las investigaciones iniciadas por Heidegger, Gadamer concluye la identificación de ser y lenguaje, dando lugar a su giro ontológico de la hermenéutica: «el ser que puede llegar a ser comprendido es el lenguaje»[13].

Gadamer se opuso fuertemente a hacer de la ética un lugar donde se alojen valores universales. Afirmó que es imposible, absurdo, inverosímil y quimérico considerar un valor como norma universal, ya que para esto hay que entrar en un diálogo en el cual nunca se llega a un acuerdo o consenso como se pretende en la ética del discurso. En las normas morales que se dan en la razón práctica, la persona decide de acuerdo a las circunstancias que se presenten en el diario vivir, y puede ser que hoy tenga la razón y que mañana el otro asuma que ella tenga la razón.

  1. Posturas a favor

Los principales exponentes o propulsores de la ética dialógica o ética discursiva son Jürgen Habermas y Karl Apel.

Jürgen Habermas[14]

Para Habermas, la igualdad humana a que tiende toda la tradición del idealismo hegeliano y del materialismo histórico aparece exigida como situación radical y originaria del diálogo: en el diálogo de los seres libres y autónomos surge la idea. La situación real, sin embargo, el diálogo real en la sociedad, no manifiesta tal situación ideal; pero la comprensión de esta “situación ideal de diálogo” es el a priori del que hay que partir y algo que “todavía no” existe, pero que se percibe como lo único que posibilita la “vida buena” y que los sujetos humanos plenamente libres sean capaces de comprensión: de intersubjetividad. A la ciencia de esta intersubjetividad llama Habermas “pragmática universal”.

Habermas renueva la ética kantiana sustituyendo la solitaria “buena voluntad” por una “comunidad ideal de diálogo”, es decir, el individuo-conciencia por la comunidad-diálogo.

Al igual que Kant, Habermas considera que la ética debe buscar normas universalizables pero, a diferencia de éste, cree que la racionalidad moral no es monológica sino dialógica; es decir, los seres humanos no llegamos a la conclusión de que una norma moral es correcta individualmente sino a través del diálogo. Para averiguar si una norma es moralmente correcta, en lugar de someterla al test del imperativo categórico de Kant, Habermas propone someterla a un diálogo entre todos los afectados por la norma, el diálogo se convierte así en una búsqueda cooperativa de justicia y corrección de las normas[15].

Así pues, una norma sólo se declarará correcta si todos los afectados por ella están de acuerdo en darle su consentimiento porque satisface, no los intereses de la mayoría o de un individuo, sino los intereses universalizables. Por ello, el acuerdo al que se llegue no podrá ser un pacto estratégico, en el que los interlocutores se instrumentalizan recíprocamente para alcanzar cada uno sus metas individuales. Tendrá que ser un consenso o acuerdo comunicativo: el resultado de un diálogo serio en el que no se ha excluido a ningún afectado, en el que los participantes se aprecian recíprocamente como interlocutores válidos y en el que tratan de llegar a un acuerdo que satisfaga intereses universalizables. Mientras que la racionalidad que se utiliza en los pactos es una racionalidad instrumental, la racionalidad propia de los diálogos es comunicativa y tiene en cuenta los intereses de todos.

La ética discursiva de Habermas es, pues, una ética procedimental: el diálogo es el procedimiento para encontrar las normas válidas. Para elaborar su ética dialógica, Habermas parte de la ética kantiana pero se da cuenta de que el principio moral supremo según el cual hay que cumplir el deber por respeto al deber resulta imposible porque no tiene en cuenta los intereses de las personas. Para superar esta deficiencia, Habermas tiene en cuenta dos aspectos que no tuvo en cuenta Kant: las consecuencias de las normas y los intereses de los individuos.

Esto significa que la ética discursiva no quiere quedarse en ser una “ética de la intención” sino que quiere ser una “ética de la responsabilidad”.

Karl Apel[16]

La filosofía de Apel es una reelaboración de la idea (de la filosofía trascendental) de Kant sobre la necesidad de un a priori a partir del cual se estructura el conocimiento, tanto teórico como práctico. Este a priori es, en Apel, no un rasgo estructural de la razón en cuanto pensamiento y sensibilidad, sino el supuesto previo de la “comunidad ilimitada de comunicación”, esto es, una comunidad de hablantes sometidos a unas mismas reglas éticas y epistemológicas que hacen posible, a modo de conditio sine qua non, el lenguaje comunicativo, la comprensión común de los enunciados, la ciencia, el pensamiento específicamente filosófico y, en general, cualquier acuerdo intersubjetivo. A este supuesto llega a través de lo que llama una “pragmática trascendental del lenguaje”, o consideración de todo lo que el lenguaje implica para los hablantes desde el momento en que éstos se atribuyen mutuamente una relación pragmática, en cuanto sujetos que intentan ponerse de acuerdo. Naturalmente, esta pragmática lleva a una ética de la comunicación o ética del discurso, que comparte con Habermas, desde el momento que, en última instancia, toda posibilidad de comunicación exige, no sólo una normativa, sino también la actitud moral de aceptar al otro como persona.

Según Adela Cortina[17], tanto Apel como Habermas comparten los siguientes aspectos:

    1. Toman como punto de partida de la reflexión filosófica no un hecho ontológico ni un hecho de conciencia, sino el hecho del lenguaje.
    2. Consideran el lenguaje desde la triple dimensión del signo, evitando la “falacia abstractiva” en que incurren los filósofos de la conciencia y los filósofos del lenguaje que atienden únicamente a la dimensión semántica y sintáctica, y reconocen el carácter unificador de la dimensión pragmática.
    3. No contemplan la dimensión pragmática empíricamente, sino trascendentalmente[18].

En lo que respecta a las discrepancias, se refieren al doble nivel de la ética: el de la fundamentación y el de la aplicación.

Nivel de Fundamentación:

Habermas se aproxima cada vez más a posiciones falibilistas y contextualistas; en cambio Apel mantiene una ética discursiva que proporciona una “fundamentación última” de la razón[19].

Apel diseña una arquitectónica de la razón, en la que el principio supremo es el principio moral (U), que es una versión dialógica del principio kantiano de universalización; mientras que, el principio supremo en Habermas, es el discurso moral y jurídicamente neutral, y que se especifica en un principio moral (U) y un principio de democracia, con lo cual la ética se integraría en una teoría del discurso.

Nivel de Aplicación:

Apel insiste en que hay una parte B de la ética, orientada por la idea de “responsabilidad”, una idea que paulatinamente se convierte en “corresponsabilidad”, por tanto, la ética discursiva se configura como una macroética de la corresponsabilidad, capaz de presentar una respuesta ética universal a los retos que universalmente desafían a los seres humanos: consecuencias de la ciencia y la técnica, globalización, multiculturalismo, construcción de una paz perpetua.

En cambio, Habermas considera que la ética no tiene más misión que la fundamentadora y que las cuestiones de aplicación y motivación competen a una teoría de la sociedad, a la educación e incluso a la familia[20].

Adela cortina[21]

Sostiene, junto con Apel y Habermas, la racionalidad del ámbito práctico, el carácter necesariamente universalista de la ética, la diferenciación entre lo justo y lo bueno, la presentación de un procedimiento legitimador de las normas y la fundamentación de la universalización de las normas correctas mediante el diálogo.

Cortina considera que el recurso a la dimensión pragmática del lenguaje posibilita evitar las unilateralidades abstractas que se han presentado en el devenir histórico del hombre:

Ø Frente al cientificismo, que reserva la racionalidad para el saber científico-técnico, la ética discursiva amplía la capacidad de argumentar al ámbito ético.

Ø Frente al solipsismo metódico, propio de la filosofía de la conciencia de Descartes a Husserl, que entiende la formación del juicio y la voluntad abstractamente como producto de la conciencia individual, descubre la reflexión pragmática el carácter dialógico de la formación de la conciencia.

Ø Frente al liberalismo contractualista[22], que entiende la justicia desde un pacto de individuos egoístas, defensores de sus derechos subjetivos, y se muestra incapaz de reconstruir las nociones de racionalidad práctica y solidaridad, revela el “socialismo pragmático” que el télos del lenguaje es el consenso y no el pacto.

Ø Frente al racionalismo crítico, que desemboca en el decisionismo al negar toda posibilidad de fundamentar el conocimiento y la decisión, por tener una idea abstracta de fundamentación, muestra la pragmática formal que el método propio de la filosofía es la reflexión trascendental.

Ø Frente al pensar postmoderno, que disuelve la unidad de la razón en las diferencias, abriendo la puerta al poder de cualquier fuerza que no sea la del mejor argumento, proporciona la ética comunicativa una noción de racionalidad que exige la pluralidad de formas de vida y desautoriza por irracional la violencia no argumentativa.

Ø Frente al contextualismo radical, que reduce la objetividad a la visión que tiene una sociedad concreta, la ética discursiva construye un modelo de filosofía práctica, que conserva el mínimo de unidad e incondicionalidad necesarios para superar argumentativamente el dogmatismo de lo vigente, de lo socialmente dado.

  1. Desarrollo de la tesis

Para el desarrollo de esta tesis, enmarcada en la línea de la ética discursiva, es importante esbozar y definir lo que es la ética, además de vislumbrar su relación directa e inseparable con la esencia o naturaleza humana, porque hacer la pregunta por el ser del hombre, por la existencia humana es, al mismo tiempo, una búsqueda de fundamentos para la ética y la moral.

No solamente lo ético está intrínsecamente relacionado con lo humano, sino el hecho del lenguaje y el diálogo; por eso es importante tratar de esbozar lo que es la persona humana.

Ser persona implica varias cosas, lo primero es la corporeidad, es decir, los seres humanos somos cuerpo. Este cuerpo está dotado de sentidos y permite entrar en contacto con los objetos y los “otros” sujetos que están en una misma realidad. La interacción entre los sujetos permite captar otra dimensión esencial: el carácter intersubjetivo, ya que somos ser en relación con otro y con los otros. Es decir, el hombre es un ser social… no puede vivir aislado, necesita necesariamente de la convivencia con los demás[23]. Lógicamente, en la relación hace falta la comunicación, por eso el lenguaje y el diálogo juegan un rol sumamente importante.

Otro elemento fundamental, y muy propio de la persona humana, es su dimensión racional. El carácter racional del hombre, le da la posibilidad, a diferencia de los animales, de escoger un camino entre un abanico de ellos. Es más, cuando una persona elige puede justificar su elección. Esto implica que el hombre es un ser esencialmente libre.

Otro aspecto propio de la persona humana es su dimensión espiritual. El hombre tiene sentimientos, los animales no. El hombre ríe, llora, comunica… Inclusive, tiene apertura hacia la trascendencia: cuando se percata que existen situaciones que sobrepasan su capacidad de respuesta, entonces piensa en una realidad que está más allá.

Ahora bien, ¿qué relación puede tener la moral o la ética con la condición humana? Primero, hay que entender que la moral versa sobre la praxis diaria del hombre, es decir, sus costumbres, hábitos, conductas, relaciones, etc., en un determinado contexto histórico y social... En cambio, la ética versa sobre la reflexión crítica acerca de esa praxis, lo que quiere decir que el sujeto de la ética es la persona humana. Por tanto, no puede haber ética sin antropología: La ética brota o nace de la misma esencia humana. Y la dimensión que está más claramente conectada con la ética es la racional. ¿Por qué? Simplemente porque el hombre contando con su condición racional está en capacidad de elegir ante una cantidad o abanico de posibilidades. Él puede escoger una sola y única respuesta, lo que significa que es libre. En cambio, los animales actúan por instintos: ante un determinado estímulo, dan una respuesta, que, por lo general, siempre es la misma.

Luego, ese camino que elige el ser humano lo justifica y lo somete a un análisis crítico, propio de la razón. Ese análisis le lleva a cuestionarse: ¿Fue buena la elección? ¿Qué consecuencias trajo? ¿Qué es lo mejor? ¿Afectó el entorno o la realidad del “otro”? He allí el juicio moral. ¿Los animales hacen juicio moral? ¿Justifican sus acciones? Lógicamente no, porque los juicios morales son propios de la condición humana.

Una vez establecidas y aceptadas las bases antropológicas de la ética es importante, en la línea de los postulados de la ética discursiva, plantearse la posibilidad de la existencia de valores objetivos y universales, porque, precisamente, el fin de la ética discursiva es la búsqueda de un consenso, a través del diálogo, acerca de unos mínimos en lo que respecta a las normas y los valores.

Es incuestionable que el valor va a depender de la perspectiva; además se apoya en la historicidad y la cultura de la persona, pero, con todo, algunos valores tienen validez universal, por eso existen los DDHH, porque el ser humano ha sido capaz de reflexionar y darse cuenta de la necesidad del reconocimiento de algunos valores fundamentales como la libertad, la vida, la democracia, la justicia, etc. Todo esto con el fin de lograr una mejor convivencia entre todos los grupos humanos. Por tanto, y aunque no todas las culturas lo acepten, hay que reconocer que un mínimo normativo universal es necesario para posibilitar el pluralismo de las formas de vida.

Vivimos en un mundo caracterizado por la diversidad y la pluralidad. Cada cultura tiene sus propios valores y formas de vivir, por así decirlo. Al comparar los modos de ser en el mundo y sus praxis de vida, cabe preguntar: ¿quién vive mejor? ¿Cuál cultura tiene el mejor valor o los mejores valores? ¿Quién tiene la verdad absoluta? ¿Cuál es el fundamento más adecuado de la moral?

Ante esta diversidad y pluralidad puede surgir la confusión y el hecho de no saber de dónde “agarrarse” o cuál es el referente correcto. Cualquiera podría afirmar: “El referente está claro: somos seres humanos; por tanto, ese es el fundamento principal de la ética”. Ciertamente esa sería una excelente respuesta, pero resulta que cuando se “pisa” en el plano real, se cae en cuenta que, inclusive, existen personas que ni siquiera validan los Derechos Humanos, porque tienen una referencia y escala de valores distinta.

Es allí cuando surge la ética discursiva, que propone el diálogo y la comunicación, propios de los seres pensantes y racionales, para llegar a unir criterios y puntos de vistas. Todo esto llevaría a encontrar el rango más general y universal de los criterios de valor, evitando así posturas tan relativistas que afirman que “en cuestión de normas y valores cada cual tiene su dios”.

Adela Cortina explica con contundencia cuáles son las ventajas o bondades que ofrece la ética discursiva:

Desde ella es posible reconstruir un concepto de razón práctica que nos permite afrontar solidaria y universalmente las consecuencias planetarias que hoy tiene el desarrollo científico-técnico, pero también asegurar la intersubjetividad humana desde una unidad formal, tras la progresiva disolución de las imágenes del mundo con contenido, y hacer efectivamente posible el respeto a la diversidad, propio de la experiencia democrática. Sólo una ética racional de principios, una ética de mínimos universales, da cuenta de ese también mínimo de intersubjetividad y unidad que requiere una sociedad compleja para responder cooperativamente a los retos que se le plantean, y entre los que no es el menor la falta de respeto por la diversidad[24].

Ahora bien, todo lo que plantea Cortina es de suma importancia, y proclama con claridad las bondades de la ética discursiva en la actualidad. Sin embargo, puede surgir el siguiente cuestionamiento: ¿cómo se puede lograr que se dé el diálogo cuando el “otro” no lo quiere? Porque, como muy bien lo expresó Martin Buber[25], la relación dialógica no es algo que ocurre en un sujeto independientemente de “otro”, tampoco algo que ocurre en el “otro”, sino algo que ocurre “entre” ambos. En este entre-dialógico cada parte está abierta a la presencia del “otro” y se entrega plenamente a la relación produciendo un encuentro[26].

Por eso, el camino que propone la ética discursiva puede facilitarse en la medida que se logre una educación moral de calidad. En otro texto de Cortina, acerca de la educación moral, explica que, para educar en moral, hace falta educar la razón, es decir, educar la capacidad de hacer juicio. También afirma que hay que educar en el diálogo y la comunicación. Este punto es fundamental, ya que estamos en un mundo caracterizado por la diversidad y la pluralidad, lo que implica una dificultad para discernir cuál valor hay que asumir, porque lo que para unos es fundamental, para otros carece de significado. Es allí, en medio de ese dilema donde se aprecia la necesidad de educar para la formación de la voluntad dialógica, la cual consiste en considerar al otro digno del diálogo. ¿Es una tarea fácil? Ciertamente no, pero tomando una actitud de respeto y apertura ante el pensamiento del otro, se abrirían los caminos que lleven a la armonía y sana convivencia entre los seres humanos.

En síntesis, y considerando la diversidad de posturas y pensamientos que llevan al hombre a actuar de muchas maneras, se puede considerar al diálogo como una vía eficaz para el logro de una moral que lleve a descubrir esos valores mínimos que son necesarios para la sana convivencia entre los seres humanos.




[1] Cf. VELASCO M., Fundamentación de la ética discursiva: ¿Apel o Habermas?, en: www.ifcs.ufrj.br/~mvelasco/Textos/FundEticDisc.pdf, 11-05-2009.

[2] Cf. AA.VV., Wikipedia, en: http://es.wikipedia.org/wiki/Di%C3%A1logo, 01-04-2009.

[3] Cf. AA.VV., Diccionario de Filosofía [CD], Empresa editorial Herder.

[4] Cf. FERRATER J., Diccionario de filosofía, Vols. I, Ariel, Barcelona 1994, 2460.

[5] Cf. FERRATER J., Diccionario de filosofía, Vols. III, Ariel, Barcelona 1994, 2460.

[6] Cf. AA.VV., Diccionario de Filosofía [CD], Empresa editorial Herder.

[7] Cf. AA.VV., Wikipedia, en: http://es.wikipedia.org/wiki/Moral, 01-04-2009.

[8] Filósofo, dramaturgo y novelista francés, nacido en París en 1905. Sus primeras publicaciones son aplicaciones directas del método fenomenológico. Se erige en el representante más significativo del existencialismo ateo francés. La influencia de Sartre en filosofía y en literatura ha sido enorme; es considerado uno de los pensadores más representativos del s. XX. Su pensamiento filosófico nace en las fuentes de la fenomenología de Husserl.

[9] Cf. AA.VV., Diccionario de Filosofía [CD], Empresa editorial Herder.

[10] Cf. GEVAERT J., El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica, Sígueme, Salamanca 200313, 197.

[11] Cf. GEVAERT J., El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica, Sígueme, Salamanca 200313, 62.

[12] Filósofo alemán recientemente fallecido. Nació en Marburgo en 1900. Su formación inicial se situó en el horizonte de la influencia neokantiana. Su actividad filosófica se sitúa en la corriente de pensadores como Nietzsche, Dilthey, Husserl y, especialmente, Heidegger, y desemboca en la formación de la hermenéutica filosófica. Su investigación se dirige al estudio de las condiciones de posibilidad de la interpretación y la comprensión, especialmente en las ciencias humanas, y entiende dicha comprensión como rasgo constitutivo del Dasein humano. Su teoría hermenéutica establece los rasgos básicos de una teoría general de la comprensión -de raigambre heideggeriana-, y efectúa un giro ontológico hacia el ser que es el objeto de la comprensión: el lenguaje.

[13] Cf. AA.VV., Diccionario de Filosofía [CD], Empresa editorial Herder.

[14] Habermas es un filósofo y sociólogo alemán, nacido en Düsseldorf, en 1929. Le fue otorgado el Premio Hegel en 1973, en la ciudad Stuttgart. Fue profesor de filosofía y sociología de la universidad de Heidelberg y, desde 1982, de la de Francfort, se le considera el miembro más destacado de la segunda generación de filósofos de la escuela de Francfort y la última gran figura de la tradición filosófica que se inspira en Marx y Hegel para una interpretación sociohistórica del mundo actual. Tras una primera etapa en que sigue muy directamente los planteamientos de la teoría crítica según Horkheimer y Adorno, de quien fue discípulo, renueva esta misma teoría, manteniendo la perspectiva de oposición al cientificismo positivista y de intento de transformación de la sociedad mediante la reflexión crítica, apoyándose más que en la tradición idealista en la nueva filosofía del lenguaje. Formula, así, su doctrina de la situación ideal de diálogo como núcleo de su teoría (Cf. AA.VV., Diccionario de Filosofía [CD], Empresa editorial Herder)

[15] Cf. AA.VV., La ética discursiva de Habermas, en: ieso2009.wikispaces.com/HABERMAS+DOS?, 11-05-2009.

[16] Filósofo alemán, nacido en Düsseldorf en 1922. Profesor (emérito) en la universidad de Francfort, mantiene posturas próximas a las de la escuela de Francfort -de la que se separa por su enfoque mucho más filosófico que sociológico- y, en especial, a las de su amigo y colaborador en ocasiones, Jürgen Habermas.

[17] Doctora en filosofía. De nacionalidad española y defensora de la ética discursiva. Es catedrática de Filosofía Jurídica, Moral y política de la Universidad de Valencia.

[18] Cf. CORTINA. A., La ética discursiva. En: Camps, V. Historia de la ética. Barcelona 1998, 538.

[19] Todo lo contrario del fundamentalismo, ya que el único modo de “dar razón” consiste en descubrir aquellos elementos pragmáticos que son ineliminables por irrebasables; es decir, aquellos elementos que ya siempre hemos presupuesto cuando nos introducimos en una argumentación.

[20] Cf. CORTINA. A., La ética discursiva. En: Camps, V. Historia de la ética. Barcelona 1998, 539.

[21] Filosofa española que orientó sus intereses de investigación hacia la ética. Se inscribe dentro del procedimentalismo y la ética discursiva, presenta como marco teórico fundamentalmente a Kant, Hegel, Habermas y Apel. En 1981 ingresa en el departamento de filosofía práctica de la Universidad de Valencia. Es miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida y Vocal del Comité Asesor de Ética de la Investigación Científica y Tecnológica. Con su obra "Ética de la razón cordial", ha sido ganadora del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2007. Entre los reconocimientos más recientes a su labor se encuentran el nombramiento como Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (2 de diciembre de 2008), siendo la primera mujer que entra a formar parte de esta institución y la investidura como Doctora Honoris Causa por la Universitat Jaume I de Castellón (15 de enero de 2009).

[22] Expresión política del solipsismo metódico.

[23] Cf. GEVAERT J., El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica, Sígueme, Salamanca 200313, 53.

[24] CORTINA. A., La ética discursiva. En: Camps, V. Historia de la ética. Barcelona 1998, 535.

[25] Martin Buber, pensador religioso austríaco, de orientación existencialista. Nació en Viena en 1878, y murió en 1965 a la edad de 87 años. Su obra más importante es “Yo y Tú” (1923), en la que construye una teoría general del diálogo. Su tesis fundamental consiste en que la relación con el Tú no es solamente una relación entre los demás, sino la relación por excelencia, el hecho primario de toda antropología y de toda filosofía.

[26] Cf. GLATSMAN M., Martin Buber, en: http://www.buber.esc.edu.ar/virtual/proyectos/MB_sitio/yo-tu.htm, 01-04-2009.