domingo, 12 de julio de 2009

Tesis 20

UCAB
Educación, mención Filosofía
Síntesis Filosófica
RODRÍGUEZ Julián

GHAZAL Jorge
Los Teques, 12/07/2009


TESIS Nº 20


Tesis:
El diálogo es condición necesaria para el planteamiento de una moral

Esta tesis está enmarcada en la línea de la ética discursiva[1], porque se quiere plantear o descubrir una moral a partir del diálogo. Este diálogo es entendido no en el sentido existencialista del encuentro del “yo” con el “tú”, sino como el discurso oral que emprenden las personas humanas para el logro de una comunicación y un entendimiento recíproco; todo esto con el fin de lograr un consenso acerca de algunos mínimos[2] de carácter universal y objetivo en cuanto a las normas y valores que puedan tener los diferentes grupos humanos.

Precisamente, la ética discursiva recibe ese nombre en razón de que con ella se intenta fundamentar un principio ético en las argumentaciones. La especificidad de este planteamiento consiste en que las cuestiones éticas son llevadas al ámbito de una teoría de la argumentación, pues sólo en tal ámbito se puede dar cuenta del punto de vista moral. La tesis de la ética discursiva versa sobre el hecho de que las normas de la acción sólo pueden considerarse justificadas si ellas satisfacen el criterio del principio de universalización ("U"): las normas pueden considerarse válidas cuando pueden ganar el reconocimiento de todos los afectados, esto es, cuando sus consecuencias pueden ser queridas realmente por todos lo afectados porque satisfacen intereses generalizables[3].

Ante la diversidad y la pluralidad propia de estos tiempos, la ética discursiva se presenta como una vía para llegar a un consenso partiendo del diálogo, el cual es una de las manifestaciones más evidentes del carácter racional de la persona humana.

En un primer momento se trataran de definir los términos claves para la comprensión y la posterior defensa de esta tesis. Luego, se postularan algunas filosofías y pensadores que están en contra de la misma, y otros que están a favor. Por último, se hará el desarrollo de la tesis, en donde se postularan los principales argumentos para defenderla.

Palabras o términos claves
Diálogo
El diálogo (del gr. διά (diá, a través) + λόγος (logos, palabra, discurso) es una modalidad del discurso oral y escrito en la que se comunican entre sí dos o más personas, en un intercambio de ideas por cualquier medio, directo o indirecto, natural o artificial.
Un diálogo puede consistir desde una amable conversación hasta una acalorada discusión sostenida entre los interlocutores, y es empleado en géneros literarios como la novela, el cuento, la fábula, el teatro o la poesía[4].

Según el diccionario electrónico Herder, el diálogo versa sobre la discusión organizada mediante preguntas y respuestas entre individuos interesados por una misma cuestión que se intenta precisar, y respecto de la cual se pueden mantener inicialmente puntos de vista distintos. En tanto que supone la participación de varios, el diálogo será concebido en la antigüedad como el medio propio de expresión del logos que, siendo común a todos los seres racionales, se desarrolla a través de los que confrontan sus logos particulares en él[5].

Según el “Diccionario de Filosofía” de Ferrater Mora, el diálogo ha sido con frecuencia una forma de expresión filosófica o científico-filosófica, sobre todo en la época antigua. En la época contemporánea se ha manifestado bastante interés por las cuestiones de índole “dialógica”. La mayor parte de los autores que se han ocupado del problema de la comunicación en sentido existencial y del llamado “problema del otro” se han referido asimismo a la cuestión del diálogo[6].

En lo que respecta al planteamiento de esta tesis que va en la línea de la ética discursiva, se entenderá el diálogo como una modalidad del discurso oral o escrito en la que se comunican entre sí dos o más personas, en un intercambio de ideas por cualquier medio, directo o indirecto, natural o artificial.

Condición necesaria
Se refiere a la condición que hace suponer que, si no se produce determinado acontecimiento, no es posible que se produzca otro determinado acontecimiento. Según la lógica, si B es condición necesaria de A; entonces, siempre que A es verdadero debe serlo también B.
En el sentido epistemológico kantiano la noción de condición necesaria tiene que ver con las condiciones de posibilidad para que algo se dé. En el caso de la tesis en cuestión, el diálogo vendría a ser el hecho que facilita o, mejor aún, que posibilita una moral.

Moral
Según el “Diccionario de filosofía” de José Ferrater Mora, moral deriva de mos, “costumbre”, lo mismo que ética, y por eso ética y moral son empleados a veces indistintamente. Sin embargo, el término moral tiene usualmente una significación más amplia que el vocablo “ética”. La moral versa sobre la praxis humana, sobre sus costumbres; en cambio, la ética es la reflexión teórica sobre esa praxis. Las ciencias morales comprenden los mismos temas y objetos que las ciencias del espíritu[7].

Según el diccionario electrónico Herder, la moral se define como el conjunto de normas, usos y leyes que el hombre percibe como obligatorias en conciencia. Su estudio es objeto de la ética. El lenguaje moral recurre a la función del lenguaje conocida como «apelativa», prescriptiva o imperativa, y así se dice que el discurso moral o el lenguaje moral es un discurso prescriptivo. Las principales manifestaciones de este tipo de discurso son los imperativos, las normas y las valoraciones, o juicios de valor. El estudio de las características del discurso moral es una cuestión de metaética, entendida como metalenguaje que trata de los requisitos que ha de cumplir un lenguaje moral[8].

Se denomina "Moral" o "Moralidad" al conjunto de creencias y normas de una persona o grupo social determinado que oficia de guía para el obrar, es decir, que orienta acerca del bien o del mal — correcto o incorrecto— de una acción. Reglas o normas por las que se rige la conducta del hombre en relación con Dios, con la sociedad y consigo mismo. Este término tiene un sentido positivo frente a los de inmoral y amoral, que lo tiene negativo. La existencia de acciones y actividades susceptibles de valoración moral se fundamenta en el hombre como sujeto de actos voluntarios. Por tanto, la moral se relaciona con el estudio de la libertad y abarca la acción del hombre en todas sus manifestaciones.

La "moral" no acarrea por sí el concepto de malo o de bueno. Son, entonces, las costumbres las que son virtuosas o perniciosas.
Los conceptos y creencias sobre moralidad son generalizados y codificados en una cultura o grupo y, por ende, sirven para regular el comportamiento de sus miembros. La conformidad con dichas codificaciones es también conocida como moral y la civilización depende del uso generalizado de la moral para su existencia[9].

Posturas en contra
Las posturas en contra de la tesis se pueden esbozar en dos líneas de pensamiento: por un lado, los planteamientos morales que fundamentan la ética en el telos o los fines, porque si lo que se busca es el fin, no va a importar el medio que se utilice para el logro del mismo. Una vez que se tiene como meta un fin determinado, no existe posibilidad de ningún tipo de consenso, por lo tanto, el diálogo vendría a ser irrelevante. Un ejemplo de este tipo de ética teleológica, se puede encontrar en la ética utilitarista de Stuart Mill.
Por otro lado, las posturas contextualistas y relativistas que están en contra de una ética del discurso por considerarla, en cierta medida, utópica al querer hacer de la ética una ciencia universal y olvidar la razón práctica y el diálogo no consensuado que puede existir con la alteridad o diferencia que existe con el “otro”. Entre estos autores se pueden citar: Jean-paul Sartre y Gadamer.

John Stuart Mill[10]
Para Stuart Mill la cohesión moral que necesita una sociedad ha de provenir de la ética. La que propone Mill es la ética del principio utilitarista, según el cual la bondad de una acción corresponde a la mayor cantidad de felicidad del mayor número posible de personas, y donde “felicidad” es presencia de placer y ausencia de dolor; es decir, el utilitarismo sostiene que las acciones son buenas en proporción a la cantidad de felicidad producida y al número de personas afectadas por la felicidad. La principal innovación al utilitarismo es la idea de la jerarquía de placeres. Bentham[11] consideró todas las formas de felicidad al mismo nivel, mientras que Mill arguyó que los placeres y desarrollos morales e intelectuales eran superiores a otras formas de placer más físico. A las ideas de Bentham al respecto, añade Mill la de la cualidad del placer[12].
Cuando se analiza el planteamiento ético del autor, se puede captar la disonancia que tiene con la ética discursiva, ya que, en el utilitarismo de Stuart Mill, el diálogo no es una condición necesaria para posibilitar una moral. Si se da o no el diálogo es irrelevante, en cuanto que lo verdaderamente ético es el fin que pretende: alcanzar la mayor cantidad de felicidad para el mayor número posible de personas.

Jean Paul Sartre[13]
Para Sartre el hombre es un ser libre: no es una cosa existente del mundo, sino un yo constantemente por hacer, condenado a hacerse y, por lo mismo, a ser libre: la libertad no es una cualidad de ningún sujeto, sino el mismo hacerse de la conciencia humana; más que “ser” el hombre es “hacerse” y no se es nada que no se haya elegido. Por eso mismo el hombre es fundamento de todos los valores, cuya existencia decide. Obligado el hombre a decidir lo que es y a decidir el sentido que da a las cosas y al mundo, no puede por menos de experimentar la angustia que nace de esta responsabilidad consustancial a la estructura misma de la conciencia[14].

Para este pensador el hombre no tiene esencia que preceda a la existencia, por el contrario, la existencia precede a la esencia. El hombre no es más que lo que hace de sí mismo, por tanto, no existe una naturaleza humana. Más aún, no existe una esencia metafísica que venga de Dios y que pueda funcionar como norma o valor ideal, ya que Dios no existe. No existen, por tanto, ni verdades ni valores predeterminados, ya que todo depende de la libertad humana: la libertad es el único fundamento de los valores, y nada, absolutamente nada, justifica la adopción de un valor o escala de valores[15].

Con ese planteamiento, Sartre, está otorgando un carácter subjetivo a los valores, lo que implica que su postura tiene una tendencia subjetivista y relativista que se contrapone a la búsqueda de los mínimos necesarios, objetivos e universalizables que busca la ética del discurso.
Por otra parte, para Sartre, la esencia de las relaciones interpersonales es el conflicto, ya que el “otro” es el infierno. El “otro” es aquel que aparece siempre y en todas partes como aquel que ocupa una parte de mi espacio, impidiéndome la expansión y la realización: es el obstáculo para mi libertad[16].

Esta manera de pensar al hombre y su dimensión intersubjetiva le pone trabas a la posibilidad del diálogo entre las personas; y el diálogo es el principio fundamental para que se logre la ética del discurso.
Hans Gadamer[17]
Para Gadamer el medio de toda comprensión es el lenguaje, y toda comprensión es necesariamente un proceso lingüístico. El lenguaje no es un mero instrumento del pensamiento, sino que es constitutivo del mundo del hombre y dimensión fundamental de su experiencia. Lenguaje, comprensión y experiencia del mundo mantienen una estrecha relación, y es en el lenguaje donde se revela la significación del mundo. De esta manera, Gadamer puede decir que el lenguaje es el que permite que los hombres tengan mundo, o que la existencia del mundo humano esté constituida de forma lingüística. De ahí, en la línea de las investigaciones iniciadas por Heidegger, Gadamer concluye la identificación de ser y lenguaje, dando lugar a su giro ontológico de la hermenéutica: «el ser que puede llegar a ser comprendido es el lenguaje»[18].
Gadamer se opuso fuertemente a hacer de la ética un lugar donde se alojen valores universales. Afirmó que es imposible, absurdo, inverosímil y quimérico considerar un valor como norma universal, ya que para esto hay que entrar en un diálogo en el cual nunca se llega a un acuerdo o consenso como se pretende en la ética del discurso. En las normas morales que se dan en la razón práctica, la persona decide de acuerdo a las circunstancias que se presenten en el diario vivir, y puede ser que hoy tenga la razón y que mañana el otro asuma que ella tenga la razón.

Posturas a favor

Los principales exponentes o propulsores de la ética dialógica o ética discursiva son Jürgen Habermas y Karl Apel.
Jürgen Habermas[19]
Para Habermas, la igualdad humana a que tiende toda la tradición del idealismo hegeliano y del materialismo histórico aparece exigida como situación radical y originaria del diálogo: en el diálogo de los seres libres y autónomos surge la idea. La situación real, sin embargo, el diálogo real en la sociedad, no manifiesta tal situación ideal; pero la comprensión de esta “situación ideal de diálogo” es el a priori del que hay que partir y algo que “todavía no” existe, pero que se percibe como lo único que posibilita la “vida buena” y que los sujetos humanos plenamente libres sean capaces de comprensión: de intersubjetividad. A la ciencia de esta intersubjetividad llama Habermas “pragmática universal”.

Habermas renueva la ética kantiana sustituyendo la solitaria “buena voluntad” por una “comunidad ideal de diálogo”, es decir, el individuo-conciencia por la comunidad-diálogo.
Al igual que Kant, Habermas considera que la ética debe buscar normas universalizables pero, a diferencia de éste, cree que la racionalidad moral no es monológica sino dialógica; es decir, los seres humanos no llegamos a la conclusión de que una norma moral es correcta individualmente sino a través del diálogo. Para averiguar si una norma es moralmente correcta, en lugar de someterla al test del imperativo categórico de Kant, Habermas propone someterla a un diálogo entre todos los afectados por la norma, el diálogo se convierte así en una búsqueda cooperativa de justicia y corrección de las normas[20].

Así pues, una norma sólo se declarará correcta si todos los afectados por ella están de acuerdo en darle su consentimiento porque satisface, no los intereses de la mayoría o de un individuo, sino los intereses universalizables. Por ello, el acuerdo al que se llegue no podrá ser un pacto estratégico, en el que los interlocutores se instrumentalizan recíprocamente para alcanzar cada uno sus metas individuales. Tendrá que ser un consenso o acuerdo comunicativo: el resultado de un diálogo serio en el que no se ha excluido a ningún afectado, en el que los participantes se aprecian recíprocamente como interlocutores válidos y en el que tratan de llegar a un acuerdo que satisfaga intereses universalizables. Mientras que la racionalidad que se utiliza en los pactos es una racionalidad instrumental, la racionalidad propia de los diálogos es comunicativa y tiene en cuenta los intereses de todos.

La ética discursiva de Habermas es, pues, una ética procedimental: el diálogo es el procedimiento para encontrar las normas válidas. Para elaborar su ética dialógica, Habermas parte de la ética kantiana pero se da cuenta de que el principio moral supremo según el cual hay que cumplir el deber por respeto al deber resulta imposible porque no tiene en cuenta los intereses de las personas. Para superar esta deficiencia, Habermas tiene en cuenta dos aspectos que no tuvo en cuenta Kant: las consecuencias de las normas y los intereses de los individuos.
Esto significa que la ética discursiva no quiere quedarse en ser una “ética de la intención” sino que quiere ser una “ética de la responsabilidad”.
Karl Apel[21]
La filosofía de Apel es una reelaboración de la idea (de la filosofía trascendental) de Kant sobre la necesidad de un a priori a partir del cual se estructura el conocimiento, tanto teórico como práctico. Este a priori es, en Apel, no un rasgo estructural de la razón en cuanto pensamiento y sensibilidad, sino el supuesto previo de la “comunidad ilimitada de comunicación”, esto es, una comunidad de hablantes sometidos a unas mismas reglas éticas y epistemológicas que hacen posible, a modo de conditio sine qua non, el lenguaje comunicativo, la comprensión común de los enunciados, la ciencia, el pensamiento específicamente filosófico y, en general, cualquier acuerdo intersubjetivo. A este supuesto llega a través de lo que llama una “pragmática trascendental del lenguaje”, o consideración de todo lo que el lenguaje implica para los hablantes desde el momento en que éstos se atribuyen mutuamente una relación pragmática, en cuanto sujetos que intentan ponerse de acuerdo. Naturalmente, esta pragmática lleva a una ética de la comunicación o ética del discurso, que comparte con Habermas, desde el momento que, en última instancia, toda posibilidad de comunicación exige, no sólo una normativa, sino también la actitud moral de aceptar al otro como persona.

Según Adela Cortina[22], tanto Apel como Habermas comparten los siguientes aspectos:
Toman como punto de partida de la reflexión filosófica no un hecho ontológico ni un hecho de conciencia, sino el hecho del lenguaje.

Consideran el lenguaje desde la triple dimensión del signo, evitando la “falacia abstractiva” en que incurren los filósofos de la conciencia y los filósofos del lenguaje que atienden únicamente a la dimensión semántica y sintáctica, y reconocen el carácter unificador de la dimensión pragmática.
No contemplan la dimensión pragmática empíricamente, sino trascendentalmente[23].
En lo que respecta a las discrepancias, se refieren al doble nivel de la ética: el de la fundamentación y el de la aplicación.

Nivel de Fundamentación:
Habermas se aproxima cada vez más a posiciones falibilistas y contextualistas; en cambio Apel mantiene una ética discursiva que proporciona una “fundamentación última” de la razón[24].
Apel diseña una arquitectónica de la razón, en la que el principio supremo es el principio moral (U), que es una versión dialógica del principio kantiano de universalización; mientras que, el principio supremo en Habermas, es el discurso moral y jurídicamente neutral, y que se especifica en un principio moral (U) y un principio de democracia, con lo cual la ética se integraría en una teoría del discurso.

Nivel de Aplicación:
Apel insiste en que hay una parte B de la ética, orientada por la idea de “responsabilidad”, una idea que paulatinamente se convierte en “corresponsabilidad”, por tanto, la ética discursiva se configura como una macroética de la corresponsabilidad, capaz de presentar una respuesta ética universal a los retos que universalmente desafían a los seres humanos: consecuencias de la ciencia y la técnica, globalización, multiculturalismo, construcción de una paz perpetua.
En cambio, Habermas considera que la ética no tiene más misión que la fundamentadora y que las cuestiones de aplicación y motivación competen a una teoría de la sociedad, a la educación e incluso a la familia[25].

Adela cortina[26]
Sostiene, junto con Apel y Habermas, la racionalidad del ámbito práctico, el carácter necesariamente universalista de la ética, la diferenciación entre lo justo y lo bueno, la presentación de un procedimiento legitimador de las normas y la fundamentación de la universalización de las normas correctas mediante el diálogo.

Cortina considera que el recurso a la dimensión pragmática del lenguaje posibilita evitar las unilateralidades abstractas que se han presentado en el devenir histórico del hombre:
Ø Frente al cientificismo, que reserva la racionalidad para el saber científico-técnico, la ética discursiva amplía la capacidad de argumentar al ámbito ético.
Ø Frente al solipsismo metódico, propio de la filosofía de la conciencia de Descartes a Husserl, que entiende la formación del juicio y la voluntad abstractamente como producto de la conciencia individual, descubre la reflexión pragmática el carácter dialógico de la formación de la conciencia.
Ø Frente al liberalismo contractualista[27], que entiende la justicia desde un pacto de individuos egoístas, defensores de sus derechos subjetivos, y se muestra incapaz de reconstruir las nociones de racionalidad práctica y solidaridad, revela el “socialismo pragmático” que el télos del lenguaje es el consenso y no el pacto.
Ø Frente al racionalismo crítico, que desemboca en el decisionismo al negar toda posibilidad de fundamentar el conocimiento y la decisión, por tener una idea abstracta de fundamentación, muestra la pragmática formal que el método propio de la filosofía es la reflexión trascendental.
Ø Frente al pensar postmoderno, que disuelve la unidad de la razón en las diferencias, abriendo la puerta al poder de cualquier fuerza que no sea la del mejor argumento, proporciona la ética comunicativa una noción de racionalidad que exige la pluralidad de formas de vida y desautoriza por irracional la violencia no argumentativa.
Ø Frente al contextualismo radical, que reduce la objetividad a la visión que tiene una sociedad concreta, la ética discursiva construye un modelo de filosofía práctica, que conserva el mínimo de unidad e incondicionalidad necesarios para superar argumentativamente el dogmatismo de lo vigente, de lo socialmente dado.

Desarrollo de la tesis
Para el desarrollo de esta tesis, enmarcada en la línea de la ética discursiva, es importante esbozar y definir lo que es la ética, además de vislumbrar su relación directa e inseparable con la esencia o naturaleza humana, porque hacer la pregunta por el ser del hombre, por la existencia humana es, al mismo tiempo, una búsqueda de fundamentos para la ética y la moral.
No solamente lo ético está intrínsecamente relacionado con lo humano, sino el hecho del lenguaje y el diálogo; por eso se hace necesario tratar de definir el concepto de persona humana.
Ser persona implica varias cosas, lo primero es la corporeidad, es decir, los seres humanos somos cuerpo. Este cuerpo está dotado de sentidos y permite entrar en contacto con los objetos y los “otros” sujetos que están en una misma realidad. La interacción entre los sujetos permite captar otra dimensión esencial: el carácter intersubjetivo, ya que somos ser en relación con otro y con los otros. Es decir, el hombre es un ser social… no puede vivir aislado, necesita necesariamente de la convivencia con los demás[28]. Lógicamente, en la relación hace falta la comunicación, por eso el lenguaje y el diálogo juegan un rol sumamente importante.

Otro elemento fundamental, y muy propio de la persona humana, es su dimensión racional. El carácter racional del hombre, le da la posibilidad, a diferencia de los animales, de escoger un camino entre un abanico de ellos. Es más, cuando una persona elige puede justificar su elección. Esto implica que el hombre es un ser esencialmente libre.

Otro aspecto propio de la persona humana es su dimensión espiritual. El hombre tiene sentimientos, los animales no[29]. El hombre ríe, llora, comunica… Inclusive, tiene apertura hacia la trascendencia: cuando se percata que existen situaciones que sobrepasan su capacidad de respuesta, entonces piensa en una realidad que está más allá.

Ahora bien, ¿qué relación puede tener la moral o la ética con la condición humana? Primero, hay que entender que la moral versa sobre la praxis diaria del hombre, es decir, sus costumbres, hábitos, conductas, relaciones, etc., en un determinado contexto histórico y social... En cambio, la ética versa sobre la reflexión crítica acerca de esa praxis, lo que quiere decir que el sujeto de la ética es la persona humana. Por tanto, no puede haber ética sin antropología: La ética brota o nace de la misma esencia humana. Y la dimensión que está más claramente conectada con la ética es la racional. ¿Por qué? Simplemente porque el hombre contando con su condición racional está en capacidad de elegir ante una cantidad o abanico de posibilidades. Él puede escoger una sola y única respuesta, lo que significa que es libre. En cambio, los animales actúan por instintos: ante un determinado estímulo, dan una respuesta, que, por lo general, siempre es la misma.

Luego, ese camino que elige el ser humano lo justifica y lo somete a un análisis crítico, propio de la razón. Ese análisis le lleva a cuestionarse: ¿Fue buena la elección? ¿Qué consecuencias trajo? ¿Qué es lo mejor? ¿Afectó el entorno o la realidad del “otro”? He allí el juicio moral. ¿Los animales hacen juicio moral? ¿Justifican sus acciones? Lógicamente no, porque los juicios morales son propios de la condición humana; es decir, el hombre es un ser ético por naturaleza.

Una vez establecidas y aceptadas las bases antropológicas de la ética es importante, en la línea de los postulados de la ética discursiva, plantearse la posibilidad de la existencia de valores objetivos y universales, porque, precisamente, el fin de la ética discursiva es la búsqueda de un consenso, a través del diálogo, acerca de unos mínimos en lo que respecta a las normas y los valores.

Es conveniente tratar de definir qué son los valores, cosa que, en realidad, no es una tarea sencilla. Podemos decir o señalar a un hombre virtuoso, podemos darnos cuenta cuando un acto humano es bueno o malo, pero, definir los valores, no es fácil. Los valores no existen en sí mismos, lo que existe es lo particular, es decir, las acciones de un determinado hombre, en las que el ser humano está en condiciones de juzgar al confrontarlas con la globalidad de las acciones de otros hombres.

Los valores existen en cuanto que son una construcción humana, que surge de la experiencia del hombre; es decir, el hombre puede, a través de la observación y reflexión de su conducta, sacar una definición general, lo que sería, en términos aristotélicos, pura abstracción.

Frondizi afirma que los valores no existen en sí mismos, al menos en este mundo, ya que necesitan de un depositario en quien descansar[30]. Por eso se hace tan difícil definir cada valor, por ejemplo, si se le pregunta a una persona qué es el amor, tendría muchas dificultades para contestar, mucho más aquella persona que no ha tenido ninguna experiencia de amor. Esto lleva a entender que para pensar en un determinado valor hay que reflexionarlo desde la experiencia; cuando esta experiencia es confrontada con las experiencias de los otros, en torno al mismo valor, entonces se puede llegar a pensar en el valor en cuanto a valor. Esto quiere decir que el órgano de los valores es espiritual, y los seres del mundo físico son portadores de valor porque participan de algo espiritual.

Scheler plantea que existen los bienes, obras o cosas, pero su presencia expone o trasparenta un mundo de valores, sin los cuales no podríamos apreciarlos como tales bienes. Para Kant, bueno o malo significa sólo estar de acuerdo con la ley o en oposición a ella, en cambio para Scheler, bueno es la realización de los valores según su jerarquía, y malo lo contrario[31].

Si bien el planteamiento ético de Scheler acerca de los valores supera mucha de las limitaciones de la ética kantiana, sin embargo sigue siendo poco consistente en cuanto que no existe una sólida fundamentación metafísica, es decir, no le atribuye realidad óntica a los valores.

Para De Finance el término “valor” es analógico. No hay un “género valor” que se distribuiría unívocamente en los diversos valores particulares. Hay valores cualitativamente diversos que si son agrupados pueden ser jerarquizados. Con un sentido algo diferente a lo habitual el autor distingue la evaluación y la valorización. Evalúa, en su concepción, es el acto por el cual el sujeto hace suyo un valor y lo sitúa en relación a otros valores, estableciendo así un orden de preferencias. La evaluación es por consiguiente esencialmente subjetiva. Valorizar, en cambio, significa constituir un valor, “poner un posible como frente al ser”. Esta valorización es objetiva de pleno derecho, en el sentido de que, a diferencia de la evaluación, no implica una preferencia del sujeto. Sin duda el valor se manifiesta siempre ante un acto libre. Pero la libertad no es creadora de valores. Por el contrario, es la libertad la que es regulada por el valor, sin el cual se desvanecería en una pura indeterminación. Pero el valor que la regula no puede ser de orden simplemente ideal, como una ley impersonal. La consistencia del mundo de los valores supone un Subsistente, por tanto, el valor es una dimensión del ser y por eso se enraíza en lo Absoluto…en el ser Absoluto[32].

El sólido planteamiento de De Finance lleva a pensar que, más allá de la historicidad y de la cultura de la persona, algunos valores tienen validez universal, y el ser humano es capaz, por su naturaleza racional, espiritual y trascendente, de aprehender esos valores, por eso existen los DDHH, porque el ser humano se dio cuenta de los errores que había cometido al alejarse de la vivencia de valores tan fundamentales para la existencia como los son: la dignidad de la persona humana, la libertad, el amor, la tolerancia, la solidaridad, entre otros. Todo esto con el fin de lograr una mejor convivencia entre todos los grupos humanos.

Pero cuando se hace un estudio fenomenológico de la realidad actual e histórica nos percatamos de que existe un mundo diverso y plural, y que está conformado por diferentes pueblos o grupos humanos que tienen diversas formas de concebir la realidad, más aún, se rigen por valores y normas diversas; incluso, existen personas que ni siquiera validan los Derechos Humanos, porque tienen una referencia y escala de valores distinta.

El hecho de que existan personas que rechacen valores tan fundamentales como los que proponen los DDHH, no significa que estos valores no tengan realidad óntica: los valores tienen su fundamento en el ser Absoluto, y la persona humana tiene todas las condiciones, por esencia, de descubrirlos para posteriormente vivirlos. Un ejemplo claro que nos ha brindado la historia ha sido la superación de la esclavitud; hoy día sería inconcebible esta práctica[33], ya que el hombre con su capacidad reflexiva ha sido capaz de descubrir el valor o los valores que están de fondo: la libertad y la dignidad del hombre.

Pero, más allá de estos hechos históricos y ante la diversidad y pluralidad evidente entre los grupos y personas humanas, se hace necesario profundizar y continuar en esa búsqueda de las normativas y valores mínimos para el logro de una “sana” convivencia entre las personas.
Es allí cuando surge la ética discursiva, que propone el diálogo y la comunicación, propios de los seres pensantes y racionales, para llegar a unir criterios y puntos de vistas. Todo esto llevaría a encontrar el rango más general y universal de los criterios de valor, evitando así posturas tan relativistas que afirman que “en cuestión de normas y valores cada cual tiene su dios”.

Adela Cortina explica con contundencia cuáles son las ventajas o bondades que ofrece la ética discursiva:
Desde ella es posible reconstruir un concepto de razón práctica que nos permite afrontar solidaria y universalmente las consecuencias planetarias que hoy tiene el desarrollo científico-técnico, pero también asegurar la intersubjetividad humana desde una unidad formal, tras la progresiva disolución de las imágenes del mundo con contenido, y hacer efectivamente posible el respeto a la diversidad, propio de la experiencia democrática. Sólo una ética racional de principios, una ética de mínimos universales, da cuenta de ese también mínimo de intersubjetividad y unidad que requiere una sociedad compleja para responder cooperativamente a los retos que se le plantean, y entre los que no es el menor la falta de respeto por la diversidad[34].

Ahora bien, todo lo que plantea Cortina es de suma importancia, y proclama con claridad las bondades de la ética discursiva en la actualidad. Sin embargo, puede surgir el siguiente cuestionamiento: ¿cómo se puede lograr que se dé el diálogo cuando el “otro” no lo quiere? Porque, como muy bien lo expresó Martin Buber[35], la relación dialógica no es algo que ocurre en un sujeto independientemente de “otro”, tampoco algo que ocurre en el “otro”, sino algo que ocurre “entre” ambos. En este entre-dialógico cada parte está abierta a la presencia del “otro” y se entrega plenamente a la relación produciendo un encuentro[36].

Por eso, el camino que propone la ética discursiva puede facilitarse en la medida que se logre una educación moral de calidad. En otro texto de Cortina, acerca de la educación moral, explica que, para educar en moral, hace falta educar la razón, es decir, educar la capacidad de hacer juicio. También afirma que hay que educar en el diálogo y la comunicación. Este punto es fundamental, ya que estamos en un mundo caracterizado por la diversidad y la pluralidad, lo que implica una dificultad para discernir cuál valor hay que asumir, porque lo que para unos es fundamental, para otros carece de significado. Es allí, en medio de ese dilema donde se aprecia la necesidad de educar para la formación de la voluntad dialógica, la cual consiste en considerar al otro digno del diálogo.

Por otra parte, el hombre, en tanto que es un ser en relación con otros, tiene necesidad de agruparse; y para que pueda vivir en armonía con los otros, tiene que cultivar los valores. La vivencia de los valores es una garantía para la sana convivencia entre los seres humanos. Ahora bien, nosotros no nacemos con el bagaje moral, es decir, los valores no son innatos, sino que tienen que ser aprendidos.

Más aún, hace falta educar en los valores religiosos, porque, en esencia, no se puede desvincular lo humano con lo religioso. Son muchas las religiones, pero cuando se hace un análisis profundo de sus fundamentos, se puede apreciar la existencia de coincidencias en el plano moral: la adoración de lo sagrado está ligada a la idea de obligación moral, las ordenaciones morales y jurídicas tienen origen divino y valor absoluto, se vive la relación con esa realidad o ser trascendente como valor definitivo y total; por último, la más contundente de todas las coincidencias, la “regla de oro”: “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti” o “no hagas al otro lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Afortunadamente, lo que está de fondo en todas las religiones es el respeto por la persona humana.

En el catolicismo, por ejemplo, Juan Pablo II expresó: “A través de la vida moral, la fe llega a ser confesión, no sólo ante Dios, sino también ante los hombres”. Cuando una persona religiosa vive las virtudes teologales (fe, esperanza, caridad), esto redunda en la internalización y vivencia de valores humanos fundamentales para la vida moral. La fe lleva a la vivencia de los valores del Evangelio, por tanto, se necesita: perseverancia, honestidad, respeto por uno mismo y por los demás, lealtad, etc., los cuales son valores humanos. La esperanza responde al creyente por las interrogantes últimas de la existencia, por tanto, encamina al: optimismo, honestidad, responsabilidad, prudencia, justicia, etc. En cuanto a la caridad es más fácil ver la relación existente entre lo divino y lo humano, porque exalta la donación, la entrega, la solidaridad, el servicio a los demás, la generosidad, justicia, paciencia, etc.

Todo esto lleva a pensar que, a pesar de las distancias, existe una relación intrínseca entre la religión y la moral. Scheler, afirmó:
La religión es distinta de la moral, los valores religiosos irreductibles y cualitativamente irreductibles a los éticos, y, sin embargo cuando unos u otros son vividos hasta el fondo, se descubren en una manifiesta relación que los torna inseparables, hasta el punto de poder hablarse de una teonomía de la moralidad. Dios se deja sentir, a la vez como el Santo, como el Valor supremo y el bien último del hombre, y en él puede encontrar su cumplimiento la profunda necesidad humana de dar un rostro personal a todo aquello frente a lo que está, a lo que obedece y a lo que sirve[37].

Una vez evidenciada la relación entre la moral y la religión, hay que considerar lo significativo de la enseñanza de la fe para fomentar los valores, para fomentar el amor y la aceptación del “otro” como persona humana tan digna como yo; por tanto, hay que considerar el valor de la religión y concientizar la necesidad de educar en los valores humanos y religiosos para la transformación del ser humano.

El primer lugar donde se internalizan los valores es en la familia; los padres son los primeros educadores de sus hijos, pero es en la escuela que se le da continuidad y se refuerzan los valores humanos.

El bien de la sociedad depende, en mucho, de la educación de los niños y de los jóvenes, en los valores. Al educar y formar en valores, el joven se hace consciente de su realidad como ser humano, como ser en relación con los otros y como ser que tiene un compromiso en la construcción de la sociedad armónica y feliz que todos los seres humanos anhelamos. El fundador de la congregación religiosa San Juan Bosco decía: cada joven tiene un punto sensible al bien que debe ser descubierto por el educador y debe ser “trabajado” para que se desarrolle y florezca.

Lógicamente al educar en los valores, se abrirán los caminos para el acercamiento entre las personas, porque una persona moralmente bien educada considera al “otro” tan digno de diálogo como lo es él, por tanto el diálogo se haría factible y abriría los caminos para el logro de un consenso entre los diferentes grupos humanos, más allá de la diversidad y la pluralidad de posturas y formas de vida. En conclusión, se puede considerar al diálogo como una vía eficaz para el logro de una moral que lleve a descubrir esos valores mínimos que son necesarios para la sana convivencia entre los seres humanos.
Conclusiones
Cuando se hace una reflexión seria y profunda sobre el desarrollo de la tesis en cuestión, se puede vislumbrar algunas ideas centrales, que serían de mucha utilidad identificarlas y tomarlas en cuenta para reflexiones futuras:

Ø La reflexión ética siempre ha sido muy complicada, quizás por la multitud de morales o modos de vida de los diferentes grupos humanos, mucho más en los tiempos post-modernos en donde pareciera que no existe una referencia en donde poder apoyarse para defender una postura que sea aceptada de manera universal o por lo menos por una amplia mayoría de la globalidad humana.
Ø Es claro que la ética está intrínsecamente relacionada con lo humano. El ser humano es un ser, en esencia, ético.
Ø Más allá de la diversidad y la pluralidad de morales y formas de ser y de actuar en el mundo, existen unos mínimos de carácter universal que están presentes y que tienen como referente último al ser Absoluto, y una manera de descubrirlos es a través del diálogo, el cual es una manifestación de la naturaleza intersubjetiva de la persona.
Ø La ética discursiva posibilita una vía de consenso para evitar posturas extremas y perniciosas como lo es, por ejemplo, el cientificismo que pretende aprehender y comprender la realidad únicamente con el filtro del método científico como si los demás saberes como la ética, la filosofía, la teología, la metafísica, etc., no aportaran nada o fueran simple “poesía”.
Ø La ética discursiva puede ser un excelente camino para fundamentar la moral, siempre y cuando se eduque moralmente para que la persona considere al “otro” tan digno de diálogo como lo es él; por eso, es tan importante educar en valores, entre ellos, por no decirlos todos, el respeto y la tolerancia.
Ø La moral y la religión no se contraponen, por el contario, están intrínsecamente relacionadas, y el punto de coincidencia está en que tanto la religión como la moral tratan de promocionar los valores humanizadores. Una fe vivida con coherencia, conduce a una vida moral que representa un testimonio de vida que no se puede ocultar o negar.Una buena educación religiosa garantiza los valores mínimos necesarios para la convivencia humana.
Ø El bien de la sociedad depende de la educación de los niños y de los jóvenes en valores. Al educar y formar en valores, el joven se hace consciente de su realidad como ser humano, como ser en relación con los otros y como ser que tiene un compromiso en la construcción de la sociedad armónica y feliz que todos los seres humanos anhelamos.

Bibliografía

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VELASCO M., Fundamentación de la ética discursiva: ¿Apel o Habermas?, en: www.ifcs.ufrj.br/~mvelasco/Textos/FundEticDisc.pdf, 11-05-2009.
Citas
[1] La ética discursiva es una corriente relativamente nueva. A lo largo de la historia se han desarrollado varios enfoques con respecto a la reflexión ética. Los principales son: la ética teleológica, la ética deontológica y la axiología. La ética teleológica versa sobre los fines; por ejemplo, para Aristóteles el mayor bien que puede aspirar una persona es la felicidad, por tanto, toda acción humana se considerará moralmente correcta en cuanto se corresponda con la búsqueda de ese fin. La ética deontológica, cuyo principal exponente es Kant, versa sobre el deber ser: más allá de los fines, el hombre debe actuar por un deber que se impone como imperativo categórico. Por último, la axiología que es una corriente que versa sobre el estudio de los valores.
[2] Se refieren al conjunto de valores o normas éticas mínimas que se pueden llegar a establecer por medio de la reflexión consensuada entre los grupos humanos. Un ejemplo claro de estos mínimos son los DDHH que el hombre ha logrado establecer luego de una seria reflexión motivada por las nefastas consecuencias, sobre todo, de la segunda guerra mundial.
[3] Cf. VELASCO M., Fundamentación de la ética discursiva: ¿Apel o Habermas?, en: www.ifcs.ufrj.br/~mvelasco/Textos/FundEticDisc.pdf, 11-05-2009.
[4] Cf. AA.VV., Wikipedia, en: http://es.wikipedia.org/wiki/Di%C3%A1logo, 01-04-2009.
[5] Cf. AA.VV., Diccionario de Filosofía [CD], Empresa editorial Herder.
[6] Cf. FERRATER J., Diccionario de filosofía, Vols. I, Ariel, Barcelona 1994, 2460.
[7] Cf. FERRATER J., Diccionario de filosofía, Vols. III, Ariel, Barcelona 1994, 2460.
[8] Cf. AA.VV., Diccionario de Filosofía [CD], Empresa editorial Herder.
[9] Cf. AA.VV., Wikipedia, en: http://es.wikipedia.org/wiki/Moral, 01-04-2009.
[10] Filósofo y economista inglés, nacido en Londres el 20 de mayo de 1806. Es uno de los principales representantes del neoempirismo inglés del s. XIX. Muy influido filosóficamente por su padre y por las ideas de Bentham, cuyas obras, que le habían entusiasmado de joven, había contribuido a difundir -funda con su padre y Bentham, en 1821, una «Sociedad utilitarista», reemplazada tres años después por una «Sociedad de debate». Entre sus principales obras se encuentran: “Sobre la libertad” (1859) y “El utilitarismo” (1863). Muere en Aviñón (Francia) el 8 de mayo de 1873.
[11] Filósofo inglés considerado el “padre” del utilitarismo.
[12] Cf. AA.VV., Diccionario de Filosofía [CD], Empresa editorial Herder.
[13] Filósofo, dramaturgo y novelista francés, nacido en París en 1905. Sus primeras publicaciones son aplicaciones directas del método fenomenológico. Se erige en el representante más significativo del existencialismo ateo francés. La influencia de Sartre en filosofía y en literatura ha sido enorme; es considerado uno de los pensadores más representativos del s. XX. Su pensamiento filosófico nace en las fuentes de la fenomenología de Husserl. Entre sus principales obras se encuentran: “La nausea” (1938), “El ser y la nada” (1943), “El existencialismo es un humanismo” (1946). Muere el 15 de abril de 1980.
[14] Cf. AA.VV., Diccionario de Filosofía [CD], Empresa editorial Herder.
[15] Cf. GEVAERT J., El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica, Sígueme, Salamanca 200313, 197.
[16] Cf. GEVAERT J., El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica, Sígueme, Salamanca 200313, 62.
[17] Filósofo alemán recientemente fallecido. Nació en Marburgo en 1900. Su formación inicial se situó en el horizonte de la influencia neokantiana. Su actividad filosófica se sitúa en la corriente de pensadores como Nietzsche, Dilthey, Husserl y, especialmente, Heidegger, y desemboca en la formación de la hermenéutica filosófica. Su investigación se dirige al estudio de las condiciones de posibilidad de la interpretación y la comprensión, especialmente en las ciencias humanas, y entiende dicha comprensión como rasgo constitutivo del Dasein humano. Su teoría hermenéutica establece los rasgos básicos de una teoría general de la comprensión -de raigambre heideggeriana-, y efectúa un giro ontológico hacia el ser que es el objeto de la comprensión: el lenguaje. Entre sus principales obras se encuentran: “Verdad y método” (1960), “La actualidad de lo bello” (1977), “Estética y herméutica” (1996).

[18] Cf. AA.VV., Diccionario de Filosofía [CD], Empresa editorial Herder.
[19] Habermas es un filósofo y sociólogo alemán, nacido en Düsseldorf, en 1929. Le fue otorgado el Premio Hegel en 1973, en la ciudad Stuttgart. Fue profesor de filosofía y sociología de la universidad de Heidelberg y, desde 1982, de la de Francfort, se le considera el miembro más destacado de la segunda generación de filósofos de la escuela de Francfort y la última gran figura de la tradición filosófica que se inspira en Marx y Hegel para una interpretación sociohistórica del mundo actual. Tras una primera etapa en que sigue muy directamente los planteamientos de la teoría crítica según Horkheimer y Adorno, de quien fue discípulo, renueva esta misma teoría, manteniendo la perspectiva de oposición al cientificismo positivista y de intento de transformación de la sociedad mediante la reflexión crítica, apoyándose más que en la tradición idealista en la nueva filosofía del lenguaje. Formula, así, su doctrina de la situación ideal de diálogo como núcleo de su teoría. Realmente vasta han sido sus escritos, entre los que destacan: “La lógica de las ciencias sociales” (1967), “Teoría de la acción comunicativa” (1981), “Conciencia moral y acción comunicativa” (1983), “Normas y valores” (2008). (Cf. AA.VV., Diccionario de Filosofía [CD], Empresa editorial Herder)
[20] Cf. AA.VV., La ética discursiva de Habermas, en: ieso2009.wikispaces.com/HABERMAS+DOS?, 11-05-2009.
[21] Filósofo alemán, nacido en Düsseldorf en 1922. Profesor (emérito) en la universidad de Francfort, mantiene posturas próximas a las de la escuela de Francfort, de la que se separa por su enfoque mucho más filosófico que sociológico, y, en especial, a las de su amigo y colaborador en ocasiones, Jürgen Habermas. Especializado en lenguaje y comunicación, es representante crítico de la corriente hermenéutica. Crítico del cientificismo positivista por considerarlo reductor de la razón, en la línea defendida por los frankfurtianos; elaboró trabajos sobre la ética comunicativa y se consideró como uno de los restauradores de la filosofía práctica. Entre sus principales obras: “El apriori de la comunidad de comunicación” (1976), “Verdad y comunicación” (1992); “Teoría de la verdad y ética del discurso” (1994).


[22] Doctora en filosofía nacida en España en 1947, defensora de la ética discursiva. Es catedrática de Filosofía Jurídica, Moral y política de la Universidad de Valencia. Entre sus principales obras: “Ética mínima” (1986), “Ética sin moral” (1990), “La ética discursiva” (1998), “Ética para la sociedad civil” (2003).
[23] Cf. CORTINA. A., “La ética discursiva” en: Camps, V, Historia de la ética, Barcelona 1998, 538.
[24] Todo lo contrario del fundamentalismo, ya que el único modo de “dar razón” consiste en descubrir aquellos elementos pragmáticos que son ineliminables por irrebasables; es decir, aquellos elementos que ya siempre hemos presupuesto cuando nos introducimos en una argumentación.
[25] Cf. CORTINA. A., “La ética discursiva” en: Camps, V, Historia de la ética, Barcelona 1998, 539.
[26] Filosofa española que orientó sus intereses de investigación hacia la ética. Se inscribe dentro del procedimentalismo y la ética discursiva, presenta como marco teórico fundamentalmente a Kant, Hegel, Habermas y Apel. En 1981 ingresa en el departamento de filosofía práctica de la Universidad de Valencia. Es miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida y Vocal del Comité Asesor de Ética de la Investigación Científica y Tecnológica. Con su obra "Ética de la razón cordial", ha sido ganadora del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2007. Entre los reconocimientos más recientes a su labor se encuentran el nombramiento como Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (2 de diciembre de 2008), siendo la primera mujer que entra a formar parte de esta institución y la investidura como Doctora Honoris Causa por la Universitat Jaume I de Castellón (15 de enero de 2009).
[27] Expresión política del solipsismo metódico.
[28] Cf. GEVAERT J., El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica, Sígueme, Salamanca 200313, 53.
[29] Con este planteamiento no se quiere herir susceptibilidades en cuanto que existen personas que creen que los animales tienen sentimientos; lógicamente la idea no es desviar el sentido de este trabajo, lo que se quiere es marcar las diferencias y establecer lo que es propio del ser humano en cuanto que sólo el hombre tiene conciencia de ello y puede capatar lo que realmente lo diferencia de los otros seres vivos.
[30] Cf. FRONDIZI R., ¿Qué son los valores? Fondo Cultura, México, 11-15.
[31] Cf. GOMÁ F., Scheler y la ética de los valores. En: Camps, V. Historia de la ética. Barcelona 1998, 296-326.

[32] Cf. BALLESTEROS. A., Valor, razón y subjetividad en Joseph De Finance. En: http://cablemodem.fibertel.com.ar/sta/xxvii/files/Miercoles/BALLESTEROS_02.pdf
[33] Aunque lógicamente se podría pensar en otras formas de esclavitud, pero ese asunto podría ser tocado en otra reflexión.
[34] CORTINA. A., “La ética discursiva”. En: Camps, V. Historia de la ética, Barcelona 1998, 535.
[35] Martin Buber, pensador religioso austríaco, de orientación existencialista. Nació en Viena en 1878, y murió en 1965 a la edad de 87 años. Su obra más importante es “Yo y Tú” (1923), en la que construye una teoría general del diálogo. Su tesis fundamental consiste en que la relación con el Tú no es solamente una relación entre los demás, sino la relación por excelencia, el hecho primario de toda antropología y de toda filosofía.
[36] Cf. GLATSMAN M., Martin Buber, en: http://www.buber.esc.edu.ar/virtual/proyectos/MB_sitio/yo-tu.htm, 01-04-2009.
[37] SCHELER M., en MORENO A., “La religión como fundamento de la moral”. En: AA.VV., Educar para vivir: Cuatro enfoques desde la educación en valores. Publicaciones UCAB-Ediciones Paulinas, Caracas 2003, 103-136.

miércoles, 1 de julio de 2009

Tesis Número 19



UCAB
HERNANDEZ Alexis
Educación , mención Filosofía

Seminario de Síntesis filosófica

RODRÍGUEZ Julián
Los Teques, 01-07-2009

EL PLANTEAMIENTO DE UNA ÉTICA SOCIAL, IMPLICA EL BIEN COMÚN

(arreglada, corregida y terminada)


El concepto de bien común, se ve afectado por una equivocidad que puede conducir a diversas paradojas. Un gran analista del concepto de bien común es Santo Tomás de Aquino, luego Maritain también ha construido una definición de bien común en sus numerosos estudios. Este ha sido un concepto muy discutido, el cual será presentado en las posturas a favor de cada uno de los pensadores que han tratado el tema.
A grandes rasgos podemos tratar el concepto de bien común partiendo de algunas de sus características:
El bien común es el conjunto de condiciones sociales que permiten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de todos y cada uno de los miembros de la comunidad.
El bien común dinamiza el desenvolvimiento de un orden social justo que armoniza los aspectos individuales y sociales de la vida humana. Es responsabilidad de todos definirlo y construirlo.
El bien común, es un “bien” genuino y es auténticamente “común”. Que sea “bien” quiere decir que da satisfacción a las necesidades del ser humano en su entera naturaleza espiritual, moral y corporal, proporcionándole la paz, la cultura y todo lo necesario para el desenvolvimiento pleno de su existencia; es “común” porque es un bien de la sociedad entera.
El bien común es de todos y para todos. No promueve la ventaja de un grupo o clase alguna, sino el beneficio de todos, cualquiera que sea el carácter o la función que las comunidades realicen en la sociedad.

Lo que sí queda claro, es que el bien común se relaciona con las personas de dos maneras: en primer lugar, en cuanto las personas están contenidas en el orden social, es esencia al bien común, el revertir o volver a ellas. En segundo término, puesto que las personas sobrepujan al orden social, y están directamente ordenadas al Todo trascendente, es esencial el bien común favorecer el progreso de aquellas hacia los bienes absolutos que trascienden a la sociedad política.
Desde el primer punto de vista, tenemos, la ley de la redistribución del bien común a las partes de la sociedad, por ser estas partes personas. Por la segunda consideración, tenemos la ley de la superación o superioridad, por la que se manifiesta la trascendencia de la persona respecto ala sociedad.[1]



ARGUMENTOS EN CONTRA:



1. EL UTILITARISMO.
Las primeras ilustraciones de la ética utilitarista las encontramos en los pensadores de la Ilustración Inglesa, específicamente David Hume, pero la exposición sistemática de la misma se debe al pensador Jeremy Bentham.


a) JEREMY BENTHAM[2]
El punto de partida de su ética analítica es el rechazo de lo que él llamó “ficciones”, es decir, las especulaciones de tipo metafísico y los errores y falsedades que son utilizadas como medios para la defensa de los intereses particulares en nombre de un bien superior.
Para él es ficticia la afirmación de que los hombres nacen libres he iguales, ya que más bien nacen sometidos y desiguales. También pone de manifiesto la incongruencia que presenta la declaración de los Derechos Humanos del Hombre y del Ciudadano aprobada en Francia en 1789.
El principio sobre el cual erige su ética es el principio de utilidad.” Por utilidad se entiende la propiedad de cada objeto por la que tiende a producir beneficios, ventaja, placer, bien o felicidad.”
· Todo lo que es útil es bueno.
“El principio de utilidad debe servir, en primer lugar, para que el gobierno y las leyes se dirijan hacia el fin de la máxima felicidad para el mayor número de persona. “
El principio de utilidad implica un supuesto ético utilitario, según el cual la felicidad de todos los individuos tiene en mismo valor. También la considera que cada individuo es el mejor juez para decidir sobre sus propias preferencias.
La comunidad (ente ficticio) no puede tener un interés distinto al de las personas individuales que la componen. Por tanto, el interés de a la comunidad es igual a la suma de los intereses de sus individuos.





b) JOHN STUART MILL

John Stuart Mill[3]
La concepción del individuo como sujeto separado de los demás, se encuentra muy ligada a la idea y realidad de la libertad humana.
En la ética utilitarista de Stuart Mill, no aparece ninguna definición de la libertad, puesto que se limita a definir sólo aquello que le interesa plantear. Pero esto no limita a sacar algunas interpretaciones buenas y criticables.
Lo primero que podemos asumir como consecuencia de la libertad es la propia consciencia, en esta podemos encontrar la libertad de pensamiento, de elección, la libertad, investigación, de expresión y de sentir. Esto es la capacidad de dar a conocer la propia opinión, puesto que es un derecho en el hombre, así como comunicarse y buscar su propio bien.
El individualismo se manifiesta en el la libertad y el derecho de mostrar su parecer y su decisión. Es en esa búsqueda de su identidad personal.
La racionalidad práctica está gobernada, según Mill, por el principio del interés. Dentro del sistema moral del utilitarismo, este principio manda acercar el interés que todo individuo tiene por la felicidad y el placer propios al interés de la colectividad que se ve afectada por sus acciones. Puesto que la racionalidad práctica ya impone el principio del interés y la colectividad no es otra cosa que la suma de los intereses individuales de alcanzar la felicidad y el placer, la educación moral debe guiarse por la conjunción de ambos términos, es decir, debe asegurar que el principio del interés imponga en la mente de los individuos la asociación indisoluble entre la propia felicidad y el interés general.





2. Ética existencialista:

Comenzaré por señalar algunos rasgos que caracterizan la ética existencialista que la distinguen de las otras direcciones que ha tomado la filosofía.
El existencialismo es la filosofía que da prioridad a la existencia sobre la esencia. Esta afirmación podríamos explicarla de la siguiente manera: en la metafísica que se ha elaborado desde Aristóteles hasta nuestros días, se acostumbra hacer una distinción en el interior mismo del “ser”, de dos aspectos últimos: la esencia y la existencia.
Por esencia se entiende el núcleo del último ser. La esencia es aquello que constituye la naturaleza última de una cosa.
Por existencia, a su vez, se ha entendido la cosa que “es”.como el acto primero y primario en virtud del cual una cosa es.
El concepto de esencia responde, pues, a la pregunta: ¿qué es esto?; el término existencia responde a la pregunta: ¿esto, es?
La primera caracterización del existencialismo la encontramos entonces, en la afirmación de que la existencia precede a la esencia. Aparentemente esta sentencia reviste una gran ingenuidad, pero no es tal. Contrariamente a lo que parece, tienen implicaciones y complicaciones muy graves, porque eso de que la existencia precede a la esencia, presupone aceptar que no existe lo que pidiéramos llamar una naturaleza humana; que el hombre tiene su responsabilidad de elegir su propio ser y, por consiguiente, que cada uno de nosotros es dueño y señor de su destino.
Que si el hombre es fundamentalmente una existencia finita, todo su ser se agota en una misma existencia; que después de la muerte no cabe esperar nada; que la angustia ha ocupado el puesto que antes se reservaba a la esperanza.
Dentro de la filosofía existen diferentes tendencias, ellas van desde un existencialismo católico, defendido por Gabriel Marcel, hasta un existencialismo declarado ateo, defendido por sastre y Albert Camus. Lo que tienen en común, tanto el existencialismo ateo (Sastre) como el cristiano, (Gabriel Marcel) es simplemente que consideran que la existencia precede a la esencia.
Veamos algunas afirmaciones de los existencialistas que tienen profundas implicaciones éticas:
Ø La existencia del hombre transcurre entre dos puntos muy precisos: el nacimiento y la muerte. Antes del nacimiento es nada, y después de la muerte es nada.
Ø El hombre es un proyecto que se vive subjetivamente. Nada existe previo a ese proyecto. El hombre será lo que él mismo haya proyectado ser.
Ø El hombre es no es solamente como se concibe, sino tal como él se quiere y como concibe su existencia. En definitiva. El hombre no es otra cosa, que como él se hace.
Ø El hombre es responsable de todo lo que es, porque es responsable de su ser. El “ser así”, el “ser uno como es”, no exime de culpa, es la culpa misma.
Ø El hombre no puede concebirse solo. Por el hecho de ser hombre está en relación con los demás hombres. El hombre es un animal dialógico. Porque es un diálogo que puede dialogar con los demás hombres.
Con estas premisas se puede afirmar que, “sólo el hombre existe; sólo el hombre es libre, solo el hombre es posibilidad; solo el hombre elige; solo el hombre es un ser deficiente, inacabado, incumplido, imperfecto; sólo el hombre es un ser responsable.

· El existencialismo visto desde SARTRE:
El existencialismo de Sartre, afirma que el hombre comienza por existir y sólo después será tal como se haya hecho, porque el hombre no será otra cosa más que eso. Es ante todo un proyecto y es responsable de lo que es.
A su postura se le considerada pesimista, es sin embargo profundamente ética. El Existencialismo ateo es un movimiento de post guerra, que surge cuando la gente comienza a integrarse a la sociedad, que devastada por las pérdidas, se atreve a cuestionar los antiguos valores y creencias.
El primer paso del existencialismo es poner en el hombre la total responsabilidad de su existencia y la de todos los demás. Porque al elegirse a si mismo está creando también una imagen del hombre tal como considera que debe ser.
Así, su responsabilidad es mucho mayor de lo que podríamos suponer, porque lo compromete a él y también a toda la humanidad.
Eligiéndose, elije a todos los hombres, porque con sus acciones está habilitando a todos los demás a hacer lo mismo.
Esta responsabilidad de elegirse a cada instante es el origen de la angustia y del desamparo porque no tiene excusas, ya que es libre para elegir sus actos.
El existencialismo no cree en el poder de la pasión para que el hombre justifique sus actos, porque también es responsable de su pasión, y la pasión no es una excusa.
Como para Sartre no existe una moral “a priori”, afirma que cuando se está frente a una encrucijada no se tiene a nadie y sólo se puede fiar en los propios instintos. No se puede guiar uno ni por los sentimientos, ni tampoco se pueden pedir consejos; porque los sentimientos los construye uno mismo con los actos y porque siempre se elige al consejero, que ya se sabe de antemano qué va a aconsejar.
Elegir es inventar, dice Sartre, porque ninguna moral general puede indicar lo que hay que hacer. El hombre debe comprometerse y luego actuar sin esperanza, y sin ilusionarse, hará lo que pueda. Lo que no puede es no elegir porque aunque no elija, está eligiendo no elegir.
El hombre elige su moral. Todo hombre que inventa un determinismo es un hombre de mala fe. La mala fe es un error, es la mentira de la falta de compromiso. Porque cuando se elige de buena fe es para siempre. La actitud de estricta coherencia de los actos es la actitud de buena fe.
Los actos de los hombres de buena fe tienen como última significación la búsqueda de la libertad como tal y están obligados a querer, al mismo tiempo que su libertad, la libertad de los demás.
La vida no es nada, les corresponde a los hombres darle un sentido; y el valor de la vida no es otra cosa que ese sentido que eligen.
Aunque Dios existiera todo esto no cambiaría porque es necesario que el hombre se encuentre a sí mismo y se convenza de que nada puede salvarlo de si mismo.

3. NIETZSCHE[4]:

Más allá del bien y del mal, Nietzsche y la búsqueda de "la verdad".
Al igual que Kierkegaard, Nietzsche fue un apasionado defensor de la individualidad. Ello lo diferencia de Marx, quien criticaba a la sociedad moderna pero desde una visión colectivista.
Nietzsche sostenía que las creencias en Dios, la Moral y la Metafísica se han revelado inconsistentes; que su origen no se encuentra sino en el hombre, en el hombre débil y sufriente que no puede superar por sí mismo su dolor y busca consuelo en el más allá. Por eso habla de la "muerte de Dios" y propone un nuevo tipo de hombre: el “Súper-Hombre”. Paralelamente, advierte sobre el peligro de que nuestro tiempo dé a luz al más bajo de los hombres, al "último hombre", que no vive ya la grandeza alienada del hombre clásico pero tampoco llega a la propia del súper-hombre.
El "último hombre" es aquel que se conforma con lo superficial, que no se conmueve ni por la "muerte de Dios". A este tipo de hombre Nietzsche lo considera despreciable.
«Dios ha muerto», decía Nietzsche. La concepción según la cual el mundo tiene un orden y sentido, ya sea éste inmanente o trascendente, ha sido superada. El hombre ha tomado conciencia de que todo lo que consideraba como sagrado, santo, bello y bueno, no lo era en sí mismo sino porque él lo valoraba así. El hombre se descubre como aquel que valora, aquel que da sentido. La vida tiene el sentido que nosotros le damos y en ello reside la grandeza del hombre. Ya no podemos hablar de un bien y un mal objetivos. Por eso, en Así habló Zaratustra, su obra más famosa, el personaje central es el predicador persa que siete siglos antes de Cristo enseñó que había un Principio del Bien y un Principio del Mal. En la obra, Zaratustra viene a enmendar su error, a decirnos que no hay un bien y un mal en sí mismos. El bien y el mal son lo que nosotros hacemos que sean, pero nosotros estamos "más allá del bien y del mal".
· En su obra: Más allá del bien y del mal, Nietzsche y la búsqueda de "la verdad".
Para Nietzsche la búsqueda de “La verdad” No hay una verdad absoluta e inamovible para todos. La verdad firme no existe, es el derribo de las categorías, el ataque a la religión y a las certezas. El hombre para sentirse más seguro y aliviado busca esas certezas sobre las que establecer un sentido para la vida. Pero la vida de esas certezas es una vida muerta, es agua salada como señalará el propio Nietzsche, con el que difícilmente calmaremos nuestra sed. Así su primera crítica se dirige a la sólida estructura de verdades, de las que el hombre se había rodeado y empapado, sobre las que había edificado durante tanto tiempo, vertiendo un pensamiento que no vale para la vida.
Para Nietzsche quien tiene necesidad de verdades objetivas, es quien menos seguridad tiene en sí mismo. Quien no cree en sí mismo necesita certezas inmediatas. Señala una debilidad de aquellos que someten su vida a imperativos. De ahí su hostilidad con la ética kantiana, la ética utilitaria y la moral cristiana. Por eso, todas esas conjunciones que nos intentan establecer son papel mojado, no existe la verdad única e inamovible, y el hombre debería cesar en su empeño por hacerlo, pues lo que no vale para la vida no vale para el hombre. Todas estas cuestiones son las que nos han conducido a esta situación, y la que ha arrastrado tanto sufrimiento y tantos abusos por parte de aquellos que intentaban imponerlas, atemorizando a los hombres y doblegándoles. La verdad no puede ser común a todos.
Aquel que busca el consuelo en un más allá. Resentimiento de esclavo, incapacidad para afrontar riesgos, temeroso de la vida y de lo que le puede acontecer, ya que no está a salvo en ningún modo, busca consuelo, grita ayuda mostrando su debilidad. Hombres replegados, sometidos, de extraordinaria sensibilidad para el dolor, que llora y se apiada. Que teme al fuerte, incapaz de venganza, y que busca el amor a Dios, y cree en la igualdad de los hombres ante Dios.
“El bien común… ¿Cómo es posible? Lo común tiene siempre poco valor.” Así señala con el dedo Nietzsche a lo común, a lo que no es originario de uno mismo, a lo que es dado y aceptado por todos. El filósofo del futuro es aquel que abandona la verdad, para construir la suya propia. La verdad no es una verdad de todos ni para todos. Nietzsche ataca a los grandes relatos sustentados en “verdades” inamovibles y universales. Según él, eso no vale para nada. El se mueve en el escepticismo, su verdad para él, pero no necesariamente para todos. Los conceptos absolutos de verdad quedan relegados a un segundo plano. El hombre, por primera vez en la historia, carece de categorías o revelaciones metafísicas a las que agarrarse. Esos planes que nos legó la historia no sirven para el espíritu expansivo, y si no sirven para la vida debemos liberarnos de ellos.
Más allá del bien y del mal está despojado ya de esas verdades instauradas, por lo que el concepto de bien y mal se altera. Los valores judeo cristianos trasmitidos a lo largo de la historia son para débiles.
Para Nietzsche lo erróneo es la misericordia, la piedad de ayudar al prójimo en sus desventuras con el mundo, el igualitarismo, el socialismo, el cristianismo… Todos los valores metafísicos y religiosos sobre los que occidente había crecido eran una patraña, conceptos vacíos tras lo cual no había nada. Eso deja al hombre solo, que ya sufre en este mundo, y le propone una integración en el mismo, bajo una nueva oscuridad que no somos capaces de iluminar.
Frente a esta aparente soledad Nietzsche acude al Superhombre, a la voluntad de instaurar unos valores para cada uno, que necesariamente no deben estar en cánones ni de pretensión universalistas, sino personales en el sentido total de la palabra.
El hombre no es libre, o tiene voluntad o no la tiene. Estos actos emanaran de la fuerza pujante del que decide, del que posee arraigo por si mismo, del que no se arruga ante el destino y vive una vida de pujanzas y riesgos. Son las virtudes de unos filósofos del futuro que vivirán de sus verdades. Esas verdades elevan al espíritu, y evaden cualquier acto que anule o aminore la fuerza de la vida.





ARGUMENTOS A FAVOR



1. Santo tomas de Aquino

presenta el concepto de bien común en la suma teológica, en la cuestión número 98, donde habla sobre la esencia de la ley. Afirma :
La sociedad tiene fines propios, los cuales son los fines naturales. Los fines naturales que hay que atender y realizar. El bien supremo no es compatible con el bien común. En este sentido el bien supremo y el bien común pertenecen a órdenes distintas. Estas dos se relacionan.
La ley no es más que una prescripción de la razón, en orden al bien común, promulgada por aquel que tiene el cuidado de la comunidad.
Santo Tomás parte desde la ley, pues la presenta como una especie de regla o medida, en la cual un individuo en inducido a actuar. Para él, la razón es regla y medida de los actos humanos, ya que es el primer principio de los mismos, puesto que la razón: ordena los actos hacia un fin debido. Así establece que la ley es algo que pertenece a la razón.
Seguidamente entra en el argumento sobre el bien común, diciendo que:
“El bien común es también fin común. De la misma forma expone:
Constituyéndose la ley ante todo por orden al bien común, cualquier otro precepto sobre un objeto particular no tiene razón de ley sino en cuanto se ordena al bien común. Por tanto, toda ley se ordena al bien común.
Para santo Tomás, así como la razón es principio de los actos humanos, así también en la razón hay algo que es principio respecto de todos los demás actos, por lo cual es necesario que la ley pertenezca a aquello que es lo más principal. El primer principio es el Fin Último, que es la felicidad o bienaventuranza. Por la tanto es necesario que la ley se orienta al orden de hacer y conservar la felicidad y de la comunidad política. Solo así son legalmente justas las normas, en su orientación al bien común que es una finalidad común, no por comunicación genérica, ni específica, sino por comunicación de finalidad, en tanto que es la natural orientación humana al bien.
Si el principio es el Fin Último y el fin último del hombre es la felicidad, así también como el bien común es una finalidad común, es decir, un fin, entonces podemos decir que el bien común, es una felicidad común.
El bien común es tan importante, que a la autoridad estatal o a la misma comunidad le corresponde velar por el bien común. Es imposible no relacionarlo con la ética, pues los intereses de cada individuo, deben ser estabilizados en igualdad de posibilidades, para que así el bien y la felicidad pueda ser alcanzado por todos.
Este concepto ha sido incorporado en las constituciones y legislaciones de numerosos países. En cuanto a la Doctrina Social de la Iglesia, se presenta ya desde la Rerum Novarum. En las encíclicas posteriores se ha seguido profundizando en su concepto.


2. CARTA ENCÍCLICA RERUM NOVARUM DEL SUMO PONTÍFICE LEÓN XIII. 1891
Algunas menciones sobre el bien común en la Rerum Novarum:
En cuanto al bien de todos los ciudadanos (bien común), la encíclica lo presenta desde una visión positiva basada en el Absoluto (Dios). Parte desde un análisis a la situación de los obreros y la necesidad de un bien para todos. Toca los bienes que son administrados por el gobierno y el Estado.
“Lo que más contribuye a la prosperidad de las naciones es la probidad[5] de las costumbres, la recta y ordenada constitución de las familias, la observancia de la religión y de la justicia, las moderadas cargas públicas y su equitativa distribución, los progresos de la industria y del comercio, la floreciente agricultura y otros factores de esta índole, los cuales, cuanto con mayor afán son impulsados, tanto mejor y más felizmente permitirán vivir a los ciudadanos.
A través de estas cosas queda al alcance de los gobernantes beneficiar a los demás órdenes sociales y aliviar grandemente la situación de los proletarios, y esto en virtud del mejor derecho y sin la más leve sospecha de injerencia, ya que el Estado debe velar por el bien común como propia misión suya. Y cuanto mayor fuere la abundancia de medios procedentes de esta general providencia, tanto menor será la necesidad de probar caminos nuevos para el bienestar de los obreros.
núm. 23
Mas, aunque todos los ciudadanos, sin excepción alguna, deban contribuir necesariamente a la totalidad del bien común, del cual deriva una parte no pequeña a los individuos, no todos, sin embargo, pueden aportar lo mismo ni en igual cantidad. Cualesquiera que sean las vicisitudes en las distintas formas de gobierno, siempre existirá en el estado de los ciudadanos aquella diferencia sin la cual no puede existir ni concebirse sociedad alguna.
Aportaciones de aquellos que tienen el poder y la justicia en sus manos, son lo principales que deben contribuir al bien común más de cerca y con más altas razones. Los que ejercen algún oficio, por el contrario, no aprovechan a la sociedad en el mismo grado y con las mismas funciones que aquéllos, mas también ellos concurren al bien común de modo notable, aunque menos directamente. Y, teniendo que ser el bien común de naturaleza tal que los hombres, consiguiéndolo, se hagan mejores, debe colocarse principalmente en la virtud. (Rerum novarum, núm. 25)

3. EN EL PENSAMIENTO DE MARITAIN[6]
El bien común es uno de los conceptos claves de la filosofía política de Jacques Maritain. Para este filósofo católico el fin de la sociedad política es perseguir el bien común . Pero este bien común no es la mera suma de los bienes particulares, pues, como Aristóteles nos enseña, “incluso en el orden matemático seis es algo más que tres más tres”. Es decir que el número seis tiene vigencia propia e independiente de los sumandos, e incluso puede ser resultado de otros diferentes. Y a su vez puede combinarse con entidad propia en la serie de los números en cifras de valor absoluto y relativo ad infinitum.
“No digamos que el fin de la sociedad es el bien común, individual o simple reunión de los bienes individuales de cada una de las personas que la constituyen. Semejante formula disolvería la sociedad como tal en beneficio de sus partes y coincidiría a la anarquía de los átomos.; llevaría bien a una concepción francamente anarquista, bien a la vieja concepción anarquista enmascarada del materialismo burgués, según la cual toda la función de la ciudad consiste en velar por el progreso de la libertad de cada uno, mediante lo cual los fuertes oprimen libremente a los débiles.
Repite con Santo Tomás que “cada persona individual es, con respecto a toda la comunidad, lo que la parte con respecto al todo”. Esto diferencia el modo de pertenencia a la sociedad estatal de cualquier otra de fines específicos. El hombre se compromete por completo en esta sociedad civil, su vida, sus bienes, su honor. No así en un sindicato, un club o una academia.
Pero ese compromiso, aunque total, no ocurre en virtud de cuanto hay en la persona y cuanto le pertenece. “Formo parte del Estado – dice Maritain – en razón de ciertas relaciones con cosas de la vida común que afectan a todo mi ser, pero en razón de otras relaciones (que también afectan a todo mi ser), con cosas más importantes que la vida en común hay en mí bienes y valores que no existen por el Estado ni para el Estado y que están fuera del Estado”.[7]
Por su carácter de bonum el bien común no puede ser una resultante del simple querer individual, el pecado rousseaniano de desencajar la voluntad de su propia naturaleza. La mayoría ni la unanimidad pueden cambiar la idiosincrasia de la bondad. La democracia no es simple aritmética. Los valores humanos no obedecen a criterios estadísticos. La calidad no es procreación de la cantidad.
Por su carácter de común este bien abarca tanto a la sociedad como a la persona. Es pues común “al todo y a las partes, como si fueren todos, porque la noción misma de persona, significa totalidad”.
En otras palabras, en tanto se es “individuo” se es parte de la sociedad y en cuanto se es “persona “, es decir, algo más que simple fragmento de materia, se participa de lo social en cuanto se permite al hombre la realización plena de sus más altas funciones en este sentido, “per se”. No es el ser humano simple elemento sirviente del Estado.
Este personalismo de Maritain es asiento básico para condenar toda forma de totalitarismo que siempre pretende absorber hasta las funciones más espirituales del ciudadano. Y al mismo tiempo implica un rechazo de la tesis individualista liberal que considera al hombre como simple átomo social.
Aunque resulta obvio no está de más insistir, y es el propio Maritain quien lo expresa, que el individuo y la persona no son dos seres distintos:
“No existe en mí una realidad que se llama individuo y otra que se dice persona, sino que es un mismo ser, el cual, en un sentido es individuo y en otro es persona. Todo yo soy individuo en razón de lo que poseo por la materia, y todo entero, persona, por lo que me viene del espíritu”.
Según Maritain, el bien común implica tres elementos fundamentales:
1) Redistribución, ayuda al desarrollo personal;
2) autoridad, es su fundamento; y
3) moralidad intrínseca.
Es decir, que la función del bien común obliga a compartir los bienes sociales para beneficio de la persona, para su perfección. De ahí que todo bien comunitario revierte sobre las personas, se redistribuye la participación común. Maritain en frase feliz trató de resumir o de empatar el doble aspecto de su doctrina: personalismo comunitario. La autoridad ha de imponerse solo tanto cuanto sea necesario a estos propósitos comunitarios. Y no se puede justificar el maquiavelismo para explicar la acción estatal. Una ley injusta no es ley.




Desarrollo

Referente al problema del bien común: El planteamiento de una ética social, implica el bien común
El planteamiento de una ética social, implica el bien común.
Ciertamente el tema del bien común, no puede ser separa do o visto fuera del ámbito social, ya sea de manera positivo o negativa, o dicho de otra manera, estando en contra o a favor del planteamiento del bien común.
Las diferentes posturas planteadas anteriormente en las argumentaciones, cada una presenta una justificación racional del por qué de la importancia del bien común, o del desarrollo del individuo como ser único.
En cuanto a los argumentos o los filósofos que están en contra del bien común, la mayoría parte desde el individuo como centro de toda la importancia de la realidad humana. El hombre como ser importante y como el único capa de determinarse como lo que desea ser.
La postura ética utilitarista, presenta una visión del hombre como aquel que busca la felicidad suya o de los otros, sin importarle los medios que utilice para poder alcanzarla.
A primera vista pareciera ser una ética de las mayorías donde se lucha por el mayor bien que es lo que los ciudadanos quisiera, pero no es así, ya que este planteamiento sólo toma en cuanta el bien de u porción de la sociedad, que se considera la mayor.
El caso es que al tomar en cuanta una porción de la totalidad de los hombres, queda otra porción (que también es grande) fuera de este bien, y son estos los que no tienen ningún tipo de beneficio y menos son tomados enguanta para la finalidad planteada, ya que no entrar dentro de los objetivos iniciales del proyecto utilitarista.
Esta porción minoritaria varia de acuerdo alas necesidades, es decir, que en alguno de los casos puede que el que salio beneficiado en algún momento, pase a formar parte de esa minoría que no es beneficiada, sino más bien, utilizada.
Por esta razón la postura utilitarista “usa” al hombre como herramienta o instrumento para alcanzar un fin. Tiene un visión antropológica del hombre como medio, o como lo llama Bubber, “ello”. Lo cosifica y lo convierte en un ser inseguro que no tiene esperanza futura dentro de la sociedad, ya que en cualquier momento de su vida, puede sentirse seguro, pero al otro día puede pasar a ser instrumento para el bienestar de los otros.
Desde la ética utilitarista, no es la mejor manera de entender el planteamiento del bien común. Es un sistema social que puede resultar muy positivo, desde la visión positivista o cientificista, ya que resulta productiva de manera instantánea y menos procesal. Resuelve los problemas más pasajeros de la sociedad, pero no los grandes problemas de la humanidad.
Por otra parte, la postura existencialista también se presenta como un argumento en contra del planteamiento del bien común.
La postura de Sartre, presenta a la realidad del hombre como aquello que primero existe y luego es. Es la existencia que precede a la esencia.
Esta es una postura bastante individualista, ya que la relación interpersonal que se encuentra por naturaleza dentro del ser de la persona, queda relegada a la existencia que aparece como primera.
A partir de allí, el hombre desde su existir, puede formar su personalidad y hacerse lo que quisiera ser en la vida y en el futuro. La relación con el otro y la búsqueda de su bienestar en el otro, queda limitada a la libertad propia del individuo que puede o no formar su persona a las relaciones interpersonales.
Dentro de la sociedad, según Sartre, existen distintos tipos de personalidades, las cuales han sido formadas por el mismo hombre, sin la ayuda del otro. Por esta razón, una visión común del bien, no puede ser tomada como paradigma o como ideal, ya que el hombre por ser libre de optar por el bien o el mal, fácilmente puede no aportar o puede no aceptar tal planteamiento.
Para Sartre, el hombre sólo debe comprometerse y luego actuar sin Ningún tipo de esperanzas, sin ilusiones y haciendo lo que pueda hacer sin muchos esfuerzos. De igual manera, él mismo elige su moral, la cual debe estar fundamentada en los actos de buena fe, que le ayudarán a buscar su propia libertad y para esto, deben aceptar la libertad de los otros.
Esta ética también, al igual que la utilitarista, parte de la concepción del individuo como el centro de todo. Sólo desde ahí el hombre podrá proyectarse en la vida y de esta manera, aceptando la existencia y libertad. Sólo el hombre puede elegir sobre sí mismo, solo él es quien existe, sólo él es libre y puede perfeccionarse a sí mimo al igual que desde su propia voluntad hacerse responsable.
El planteamiento del bien común, difícilmente puede ser entendido desde una postura atea o extremista. Es importante la concepción de los ideales religiosos que invitan a los hombres a tratar bien al prójimo y a convivir con él. El existencialismo ateo elimina toda visión metafísica y lleva al hombrea hacia un materialismo que está fuera de los parámetros de las trascendencia hacía al otro.
La antropología del hombre existencialista gira en torno a su yo, y a la aceptación del otro como tú. El destino se lo forja cada uno, y el oto no influye ni debe influir, pues debe respetar mi existencia.
La ética social, no es existencialista. El bien común, que es el bien de todos los hombres, no puede ser existencialista ni materialista y menos utilitarista. El bien común es un valor, y como todo valor, tiene un alto grado de bienestar para quienes lo profesan.
El planteamiento de Nietzsche es más extremista, pues su ética antropológica es caracterizada por un fatalismo. Defensor del individualismo y del planteamiento del Súper hombre.
El hombre que toma consciencia de todo lo sagrado y ya no necesita a el Ser trascendente que venga en su ayuda. Pasa de ser hombre normal, a un Súpero hombre a nivel del mismo Dios.
Nietzsche, parte desde una crítica a los valores tradicionales que se encuentran en la sociedad y que el hombre ha asumido poco a poco hasta dejarse dominar por ellos. De manera clara hace énfasis en los valores del cristianismo, de las democracias y del socialismo.
Estos valores limitan al hombre y no lo dejan actuar según su propia naturaleza humana, ésa que lo llama y lo lleva a luchar por el poder por estar en la cumbre de la perfección. Estos valores en vez de dejar que el hombre se realice, le limitan colocándole una serie de condiciones y exigencias que no le permiten destacarse, ni luchar por la perfección.
Estos valores deben ser superados, pero desde un punto de vista que está más allá del bien y del mal. Estos son los falsos valores.
Para ello, Nietzsche propone un nuevo ideal, el cual debe sustituir el ideal de los falsos valores antes nombrados. Este ideal parte desde la creación o formación de una voluntad de poder y dominio, lo suficientemente fuerte como para que poder superar al hombre común y así pueda ser implantada la era del Súper Hombre.
Ahora bien, para que este Súper hombre pueda llegar a ser cambiada toda la concepción de la sociedad. Esto sería un cambio a toda la historia de la humanidad. Los hombres estaríamos frente a una evolución de la humanidad. Sería la creación del hombre perfecto, como también el completo caos donde todos los hombres por el simple hecho de ser perfectos, nunca podrían ponerse de acuerdo ni tener un mismo ideal, ya que cada uno sería su propio ideal.
No toma en cuenta a los otros como seres perfectibles, sino más bien como aquello que deben doblegarse ante el súper hombre.
Ahora, la concepción moral del súper hombre, debe ser la del amo con el eslavo, es decir, una moral de superación y de imposición de acuerdo a su perfección. Aquí podemos ver cómo aparece una concepción presentada en el estado de Hobbes, donde el más fuerte es quien debe dominar.
Pero en este sentido, el esclavo no puede aspirar a ser Súper Hombre, ya que no se encuentra en las condiciones para hacerlo, como tampoco le será permitido que lo haga., esto es para que no pueda entrar en la lucha del poder ni de la supremacía ante el otro. El valor del poder está por encima de la compasión y de la piedad. Todo se centra en la superación descontrolada del hombre.
Las posturas individualistas no aceptan ni dan ningún tipo de aporte al planteamiento del bien común, pues no lo ven como aquello que es bueno para todos. El bien común es importante ya que garantiza la libertad de posibilidades y promueve la ventaja de todos os grupos de la sociedad.
La tesis presenta una visión positiva de la convivencia entre los hombres dentro de la sociedad. El objetivo del bien común es la riqueza común, pero no una riqueza solamente material, sino es un bienestar y satisfacción sano, visto desde el cumplimento del deber de cada uno y de poder alcanzar las metas de todos los individuos de la sociedad.
Desde el planteamiento de la ética social, se llega a un conjunto de principios, reglas, instituciones y medios que permiten promover y garantizar la existencia de todos los miembros de una comunidad humana. En el plano inmaterial, uno de los elementos del bien común es el típico reconocimiento de respeto y tolerancia en las relaciones con el otro.
Todos los hombres tienen metas y sueños. Esas metas, las llamamos, según santo Tomás, la felicidad, y esa felicidad es el fin último. Por tanto el bien común es una finalidad común, es decir, un fin. Entonces podemos decir que el bien común, es una felicidad común.
Por su carácter de común este bien abarca tanto a la sociedad como a la persona. Es pues común “al todo y a las partes, digo a las partes como si fueren todos, porque la noción misma de persona, significa totalidad”.
Cuando se es individuo, se es parte de la sociedad, por tal razón, es imposible no relacionarse con el otro, al igual que hacer que los intereses del otro no me afecten a mi, ni los míos a el otro. El hombre no es un átomo social, no puede vivir solo en el individualismo. Necesita de la relación interpersonal, y para ello e importante que llegue a un acuerdo de bienestar con los otros hombres, para así poder realizarse como persona.
El bien común obliga a compartir los bienes sociales que se encuentran a la mano de todos los hombres. De esta manera el hombre va alcanzando una perfección gradual, ya que se deja a un lado la lucha del más fuerte contra el más débil, o la lucha por conseguir el poder pleno para someter a los otros.
Ahora bien, aunque todos los ciudadanos, sin excepción alguna, deban contribuir necesariamente a la totalidad del bien común, del cual deriva una parte no pequeña a los individuos, no todos pueden aportar lo mismo ni en igual cantidad. Cualesquiera que sean las vicisitudes en las distintas formas de gobierno, siempre existirá en el estado de los ciudadanos aquella diferencia sin la cual no puede existir ni concebirse sociedad alguna.
Aquellos que tienen el poder y la justicia en sus manos, son quienes deben aportar al bien común.
No podemos ver el bien común como algo solamente material o algo solamente metafísico, tampoco como un ideal imposible de alcanzar. El bien común debemos verlo como ese valor social que busca el bienestar de todos los hombres. De esta manara es que es posible que la ética social implique el bien común, ya que no puede existir una ética dentrote la sociedad que no busque el bienestar de todos los hombres, pues dejaría de ser ética social y pasaría a ser una ética de las minorías o del poder.
La ética social es la clave del desarrollo positivo de las naciones y del bienestar de sus ciudadanos. Si todos los hombres viven felices y no en una eterna lucha por conseguir sus propios intereses y satisfacer sus propias necesidades, podrán unir fuerzas para mantener la paz y el respeto a cada uno de los que conforman el conjunto social.
Conclusión

A manera de conclusión, el estudio de la tesina, viéndolo desde las distintas posturas, resulta muy fructificante y muy positivo, no solo para el planteamiento de la ética social y su evocación en el bien común, sino también para relacionar el contenido filosófico con todas las tesinas éticas y algunas de las filosóficas.
La defensa de la postura ética del bien común, ha sido analizada y defendida desde la postura de Maritain, de Santo Tomás y de la carta Encíclica del Papa León XIII, pero esto no quiere decir que las posturas de la argumentación en contra no sean valederas.
Es conveniente e interesante poder hacer el ejercicio de adentrarse en cada una de las posturas para poder ver esos puntos que se pueden tomar a consideración y a crítica poder hacer un juicio personal de la doctrina del filósofo.
Para nadie en un secreto que la postura utilitarista, presenta algunos rasgos que a simple vista parecieran ser dirigidos hacia el bien común. Todo el bien que se hace a la mayoría y es argentado de una manera práctica y productiva, es sin duda bien vista por la sociedad de nuestros días. Entonces cabe la pregunta b¿es buena o es mala? La respuesta se encuentra en el análisis profundo de esta postura.
De igual manera podríamos hacer un recorrido por todos los argumentos y sus filósofos, ya sean a favor y en contra, y sin duda encontraremos puntos donde comenzaremos a dudar y otros donde haremos un juicio la respecto, como el caso de la ética existencialista que nos regala un visión del hombre autosuficiente y con extraordinarias capacidades de superarse por sí sólo y programar lo que quiere llegar a ser en la vida
Como también la postura fatalista del mismo Nietzsche que sin duda alguna ha marcado pauta con su filosofía de la muerte de Dios y la crítica a los valores tradicionales de la sociedad que ha hecho que el hombre los asuma y así no pueda ser libre, sino más bien limitado y reprimido por todos.
No se trata de quedarnos con lo escrito en el desarrollado o con lo que nosotros aceptamos como correcto. Se trata de abrirnos al diálogo y a las posibilidades de dejarnos confrontar por las posturas de los filósofos y así entrar en una discusión argumentada pero filosófica, sin dogmas ni creencias plenamente metafísicas. Se tata de llegar a conclusiones personales o grupales que nos satisfagan la necesidad intelectual y nos hagan sentir filósofos de verdad.
Es poder tener las herramientas para estar preparados y poder ponernos frente a un texto de Maritain, del papa León XXIII, de Nietzsche, de Sartre, de Santo tomas de Aquino, de Stuart Mill o de Jeremy Bentham y hacer una buena critica y juicio para decir si son argumentos en contra o a favor. Esto se logra, sólo con el estudio personal de cada postura y la crítica que se le pueda hacer al material presentado en este desarrollo de la tesina presentada.

BIBLIOGRAFÍA


ALBORNOZ J., Ética para Jóvenes, Vadel, Venezuela, 1997.

MARITAIN J., Los Derechos del Hombre, La pléyade, Argentina 1972.

MARITAIN J., La Persona y el bien común, ICEH, Chile, 1977.

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PP. LEÓN XIII., Rerum Novarum, en. http://benedictovidalruiz.bligoo.com/content/view/87244personal. 25/06/09.

PUGACHE V., Ampliación del Campo de Batalla, 2009, en: http://calabiyau99.blogspot.com/2009/01/ms-all-del-bien-y-del-mal-nietzsche-y.html. 25/06/09.

SECRETARÍA DE FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN POLÍTICA. Comité Directivo estatal del Partido Acción Nacional. Centro de Documentación y Estudios, en: http://www.panmich/

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[1] Moreno M., Diccionario de pensamiento Contemporáneo, san pablo Madrid,1997, 154.
[2] Nace el 15 de febrero de 1748 en Houndsditch — Londres el 6 de junio de 1832) fue un pensador inglés, padre del utilitarismo. Fue reconocido como niño prodigio por su padre al encontrarlo en su escritorio leyendo varios volúmenes de la Historia de Inglaterra) es también autor de numerosos escritos sobre política y derecho de economía.

[3] Nace Londres el 20 de mayo de 1806 y muere en Aviñón (Francia) 8 de mayo de 1873). Fue un filósofo, político y economista inglés representante de la escuela económica clásica y teórica del utilitarismo, planteamiento ético propuesto por su padrino Jeremy Bentham, que sería recogido y difundido con profusión por Stuart Mill.

[4] Nace en Röcken, cerca de Lützen, 15 de octubre de 1844 – Weimar, 25 de agosto de 1900) fue un filósofo, poeta y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores modernos más influyentes del siglo XIX.
Realizó una crítica exhaustiva de la cultura, religión y filosofía occidental, mediante la deconstrucción de los conceptos que las integran, basada en el análisis de las actitudes morales (positivas y negativas) hacia la vida. Este trabajo afectó profundamente generaciones posteriores de teólogos, filósofos, psicólogos, poetas, novelistas y dramaturgos.

[5] Rectitud.
[6] Jacques Maritain fue uno de los más grandes pensadores del siglo XX. Fue un hombre de profunda pasión religiosa, filosófica y cívica, así como un testigo activo y participante en los acontecimientos de su tiempo.Fue uno de los padres de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948 y uno de los grandes defensores del ideal democrático amenazado por las ideologías totalitarias del siglo pasado. Sus reflexiones sobre democracia, arte y ciencia constituyen un instrumento sólido y efectivo para la interpretación de los cambios que experimenta el mundo de hoy.
[7] MARITAIN J., La Persona y el bien común, ICEH, Chile, 1977, 64-65